Omicrono, la tecnología de El Español

Kubrick grabando el resplandor

Kubrick grabando el resplandor

Kubrick era un ser peculiar, le gustaba controlar hasta el último detalle de sus producciones, y para conseguir controlar todo, consultaba expertos y aprendía el manejo de sus herramientas. A través de su “2001: Odisea en el espacio” nos enseñó en una alegoría visual cómo la herramienta ayudó al desarrollo del hombre.

En este documental a través de los ojos de una jovencita Vivian Kubrick (tenía 17 años cuando lo rodó y montó) descubrimos un poco el día a día durante el rodaje de “The Shinning” viendo cómo Stanley controla desde las ópticas y encuadres, a cualquier elemento. Todo está milimetrado, cualquier herramienta afinada y calibrada hasta el extremo.

Kubrick y Nicholson dándole al coco

Kubrick y Nicholson dándole al coco

Las herramientas siempre bajo control. Obseso de la perfección, sabía lo que quería y sabía qué herramienta usar. Como dice Jack Nicholson: ”…el está haciendo exactamente lo que cree que debe hacer en ese momento…” También sabía cuál no usar porque con el presupuesto que tuvo para “2001: Space Odyssey” y habiendo técnicas más modernas en la época eligió construir la mayoría de los decorados y objetos, pero también se guardó de que no se revelaran las técnicas utilizadas en su secuencia final. El resultado es impecable, llegando a ganar el Óscar a los mejores efectos visuales. No revela su técnica y así evita que en vez de su trabajo valoren la herramienta. Con qué gadget hiciste esto, con qué programa editaste aquello. Evita la fiebre del último modelo.

Como podemos ver durante el documental para Kubrick hasta los actores son una herramienta más para construir y contar su historia. Los calibra y personaliza a su antojo, como haríamos con una cámara digital, o con un terminal android, y queda palpable en algunos tramos del documental cómo manipula sus sentimientos.

“Ayuda a obtener la emoción y concentración activas, porque de hecho hace que te enfades. Das más de tí misma. El sabía que haciendo eso obtenía más de mí. Era como un juego” cuenta Shelley.

La relación con ellos, aunque al principio pueda parecer un poco autoritaria, tiene dos objetivos: que el resultado sea como tenía pensado y que el actor crezca como profesional, como confiesa la actriz Shelley Duvall: ”…le guardaba rencor. Pensaba, ¿porqué me haces esto? ¿cómo me haces esto? Es una situación donde sufres mucho. Es un mal necesario para obtener lo que necesitas, es decir nosotros dos teníamos el mismo objetivo…”

Kubrick era un virtuoso de la imagen y no dudó en utilizar las técnicas no más novedosas, como acostumbran algunos directores actuales, sino aquellas que mejor se adecuaban al tipo de efecto visual o dramático que necesitaba.
Lo que nos enseña de su manera de actuar es que por mucho terminal último modelo que tengamos, lo único que lo hace útil son los usos que puedas darle a ese gadget. De poco puede servirte un lápiz si no sabes ni escribir ni dibujar.

Shelley Duval descubre qué duro es ser una herramienta

Shelley Duval descubre qué duro es ser una herramienta

La tecnología sin embargo la utilizan como reclamo haciendo muchas veces productos completamente prescindibles, como las películas que acumulan un montón de efectos especiales carísimos inconexos unos con otros, sin guión ni gracia, o películas a las que se convierte rápidamente en 3D por técnicas extrañas para subirse al carro de la última moda.

Son de la misma calidad que las películas que hizo Shelley antes de “El resplandor” por eso declara “…En solo un año, en una película me enseñó más que lo que aprendí en todas las películas que había hecho”. Kubrick sabía utilizar la tecnología a su favor. Había usado y mejorado a Shelley como actriz.

El uso que damos a las herramientas que tenemos modifican nuestra manera de ser y de comunicarnos, incluso podemos decir que nos acaban cambiando de una forma u otra porque la tecnología no es más que un conjunto de conocimientos ordenados que nos ayudan para realizar nuestros objetivos, unas veces en forma de hueso o de lanza, y otras en forma de ultraportatil o gps. Porque en el fondo no importa la técnica que utilices, sino el resultado que obtienes. No es el arco, es el indio… mejor dicho, no es el hacha, es el loco.

 

  • Romualdo

    Excelente artículo. Correcto, sereno, bien redactado, con criterio y de buen gusto.

    Seguid así. Un cordial saludo.

    • Gaizka Martínez

      Wow, piropazo. Gracias a tí por leernos!

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