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Con esas cifras de profundidad tan grandes no podría referirme a otro sitio que no fuera la fosa de las Islas Marianas, un abismo que se hunde hasta los 11.034 metros en el que pocas cosas vivas se espera encontrar, ya que la presión a la que estaría sometido cualquier ser vivo es de 1.000 atmósferas. ¿Y qué tipo de organismo podríamos esperar que viviese en tales condiciones? Efectivamente, nuestras amigas las bacterias.

Exise mucha materia orgánica en las fosas marinas

Un equipo internacional de investigadores publica los hallazgos encontrados en su expedición en la fosa en el año 2010 en la revista Nature GeoscienceLos resultados del análisis han mostrado una comunidad bacteriana muy activa en los sedimentos de la fosa, a pesar de las condiciones tan poco favorables para la vida que existen allí. Es más, en tales sedimentos han encontrado hasta 10 veces más bacterias de las que existen en los sedimentos de la llanura abisal, que se extiende entre los 5.000 y los 6.000 metros.

¿Y cómo es posible que haya una actividad bacteriana tan alta a pesar de la presión? Las bacterias son microorganismos que pueden adaptarse a condiciones impensables para otro tipo de ser vivo. En este caso, se han adaptado a la presión, pero entonces ¿de qué se alimentan?

Pensemos por un momento en todos los seres vivos que habitan en los mares. Cuando mueren, los cadáveres tienen que ir a parar a algún sitio, muchos sirven de alimento a otros animales y, como norma general, todos los seres vivos generan desechos. Toda la materia orgánica sobrante acaba en los fondos marinos y es precisamente de lo que se aprovechan estas bacterias. También hay que añadir que es muy probable que parte de esa materia que aprovechan las bacterias provenga del interior de la Tierra cuando hay terremotos, bastante frecuentes en la zona.

Por esta razón, uno de los autores del estudio, Ronnie Glud del Centro Nórdico de Evolución de la Tierra de la Universidad del Sur de Dinamarca, apunta que

“A pesar de que las fosas suponen el 2% del total de la superficie oceánica tienen un impacto relativamente importante en el balance del ciclo del carbono marino y, por tanto, en el ciclo global del carbono”.

El equipo diseñó un robot para poder soportar las condiciones de presión para poder medir la distribución del oxígeno, un parámetro íntimamente relacionado con la actividad de los microorganismos. Las próximas fosas en explorar serán  la fosa de Japón, de unos 9.000 metros de profundidad, y la fosa Kermadec-Tonga, cerca de las islas Fiyi y la segunda más profunda del planeta con 10.800 metros.

Por último contaros que la última expedición que se hizo a la fosa de las Marianas fue realizada por el mismísimo James Cameron y, de hecho, ha sido el primer ser humano en lograr esta hazaña. Si os interesan los detalles de la expedición y ver algún que otro vídeo, este es el enlace. Sinceramente, hay que tener valor para meterse en un batiscafo tú solo y bajar 11.000 metros. ¡Sólo de pensarlo me da claustrofobia!

 

Fuente: Eurekalert

 

 

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