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La noticia saltó a los medios de comunicación a través de The Guardian y se extendió a una velocidad espectacular incluso en esta era de la información. La NSA, uno de los servicios secretos de los EEUU, está recopilando los datos de todas las llamadas realizadas a través de la operadora Verizon, gracias a una orden judicial secreta aprobada en Abril. Gracias a la filtración de esta orden, no solo se ha descubierto que millones de ciudadanos norteamericanos están siendo espiados por su propio gobierno, sino que ha iniciado una bola de nieve de revelaciones sobre privacidad que se está haciendo cada vez mas grande.

Verizon aporta prácticamente todos los datos, menos el contenido mismo de la llamada. Desde los números de teléfono hasta la localización, pasando por otros datos identificativos. Esta recopilación de datos se produce siempre, independientemente de quiénes son las personas afectadas o si son sospechosas de algún delito. Esta ya es de por sí una revelación polémica que, aunque entra dentro de la ley gracias a la llamada “Acta Patriótica” (Patriot Act), aprobada con motivo de los atentados del 11-S, no deja de ser polémica por ser una clara invasión arbitraria de la privacidad por parte del gobierno norteamericano.

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Sin embargo, la cosa no quedó así, ya que esta no fue mas que la chispa que ha encendido una llama que el gobierno de Obama está intentando apagar a toda costa. Poco después de que saliese a la luz esta información, la NBC aseguró que, ni el espionaje era exclusivo de Verizon, ni llevaba tan poco tiempo en funcionamiento. En realidad, la NSA lleva recopilando datos de todas las llamadas realizadas en territorio estadounidense en los últimos siete años. Esos datos no incluyen nombres pero son fácilmente obtenibles a través de una petición a la operadora en cuestión, y son almacenados en los propios servidores del gobierno. Igualmente, también hay fuentes que aseguran que los datos de tarjetas de crédito y las compras realizadas con ellas entran dentro de otra recopilación de datos.

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La última (por ahora) noticia al respecto llega de parte de The Washington Post, que publica que nueve grandes compañías de Internet permiten a la NSA el acceso a información guardada en sus servidores, gracias al programa PRISM. La primera de las empresas asociadas con el programa fue Microsoft, en 2007, y la última de ellas ha sido Apple, en Octubre del año pasado. Por el camino se han unido otras como Google, Facebook y AOL. Inmediatamente después de hacerse pública esta información, los representantes de relaciones públicas de esas empresas de Internet han declarado que no saben absolutamente nada del programa, y que solo aportan información al gobierno si éste sigue los cauces legales.

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Sin embargo, ahí es donde reside la potencia del programa PRISM, ya que está diseñado para que las propias empresas no sepan cuándo ni porqué están aportando datos a la NSA. Cuando la agencia quiere información de un usuario, no contacta con la compañía, sino que va directamente a los servidores donde están los datos que quiere. Así, los representantes de las compañías pueden decir honestamente que no han proporcionado información, ya que ha sido la propia NSA la que se ha conectado con sus servidores y “se ha servido” sin avisarles, como si fuera una caja autoservicio de un supermercado. Fuentes del gobierno han defendido este programa desde el principio asegurando que no está orientado a ciudadanos norteamericanos, sino que PRISM está ideado para obtener información de usuarios en el extranjero, es decir, principalmente europeos, de oriente medio, y asiáticos.

Por ahora, la reacción del gobierno ante estas informaciones ha sido usar la palabra mágica que siempre les saca de cualquier desaguisado: “terrorismo“. En todas las comparecencias, ya sea de representantes del gobierno, de la NSA, o incluso de congresistas, se ha mencionado esa palabra como justificación para espiar tanto a sus propios ciudadanos como al resto del mundo, llegando al extremo de asegurar que se han evitado ataques gracias a esta práctica (por supuesto, sin especificar la naturaleza ni cuándo se producieron esos ataques).

Está por ver si el público norteamericano acepta de nuevo esa palabra como comodín para pasar por alto su privacidad vulnerada, y cómo afecta la práctica de coger datos de empresas de Internet a los que vivimos fuera de EEUU. Lo que está claro es que este asunto no ha terminado, ni mucho menos, y que la administración Obama corre mucho riesgo de salir malparada de esta última revelación.

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