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Un estilo parental es un constructo psicológico que describe el conjunto de técnicas que utilizan los padres en la educación de los hijos. Según agrupaciones de conductas se han descrito básicamente tres tipos de estilos, configurados según la tipología de las técnicas.

Hay padres que pueden utilizar combinaciones de estilos por lo que no son exclusivos. Pero ello implica una baja consistencia, que tampoco es bueno para la educación de los hijos.

¿Qué estilos existen? Ventajas y desventajas de cada uno.

Schaeffer estableció ya en 1959 la división de estilos que predominaría en los estudios posteriores:

Alto control Bajo control
Alta calidez afectiva Estilo democrático. Estilo sobreprotector.
Baja calidez (frialdad afectiva) Estilo autoritario. Estilo negligente.

 

Diana Baumrind (1980) propuso las tres categorías de estilos parentales que provenían de una definición mucho más ambigua con subgrupos que ella había propuesto entre 1966,1968 y 1971:

  • Autoritario: Ordenan o dicen siempre a los hijos que hacer.
  • Indulgente (permisivo): Dejan que los hijos hagan lo que quieran.
  • Asertivo o democrático: Proporcionan normas y orientación sin ser dominantes.

Posteriormente se amplió la clasificación para incluir otra categoría:

  • Los padres negligentes. Se centran en intereses no relacionados con los hijos.

En versiones posteriores clasificó subestilos dentro de los tres grupos.

Así pues y uniendo un poco todos los estudios nos quedaremos con la clasificación Maccoby y Martin (1983) que propusieron una clasificación similar pero algo modificada a la anterior basándose en la reacción de los padres ante las demandas del hijo y la conducta del padre hacia los hijos. Así crear una tabla que enmarcaba las posibles combinaciones creando cuatro estilos educativos:

Padres exigentes/controladores Padres no exigentes/no controladores
Padres responsivos a las demandas del hijo (sensibles) Estilo propagativo Estilo indulgente.
Padres no responsivos. (no sensibles) Estilo totalitario Estilo negligente.

 

Propagativo (vendría a ser el asertivo): También llamado autoritativo. Es aquel en el que el padre es exigente y receptivo, muy centrado en el niño, con altas expectativas de madurez del mismo. Entienden los sentimientos del niño y le enseñan a manejarlos. No son tan controladores y permiten que el niño explore, le ayudan a solucionar problemas, pero dejan que tomen sus propias decisiones. Ponen límites y demandan madurez pero explican sus castigos que son medidos y consistentes (no arbitrarios ni severos). → Los niños crecen con alta autoestima y son más independientes (no siempre, pueden de hecho ser bastante dependientes). Es el estilo más recomendado. Serán niños moderados y cooperativos con altas competencias cognitivas y sociales. Predice un mejor rendimiento académico.

Totalitario (sería el autoritario): es un estricto, el padre tiene altas expectativas de conformidad y cumplimiento de las normas por parte de los hijos pero permitiendo poco diálogo abierto. Es un estilo restrictivo y punitivo. Esperan mucho de los hijos pero no explican las reglas y límites. Le dicen al niño lo que debe hacer en lugar de dejarle elegir por sí mismo. → Los hijos pueden crecer con menos competencias sociales y baja autoestima. Suelen ser niños sumisos y conformistas. Crecerán pasivos, tímidos y ansiosos con una menos capacidad en la toma de decisiones. En ciertas culturas (a diferencia de la nuestra) es el estilo de elección, por ejemplo en la cultura asiática. Este estilo duplica el riesgo de consumo de alcohol en adolescentes.

Indulgente (permisivo): Es un estilo no directivo y menos severo. Tienen pocas expectativas de comportamiento del niño. Los padres están muy involucrados con los hijos pero con muy bajo control. → Los niños crecerán siendo consentidos y mimados, con conductas maleducadas. Este estilo está más asociado con conductas nocivas en la adolescencia como el consumo de alcohol (triplica el riesgo). Serán niños más impulsivos y erráticos que siempre esperaran salirse con la suya, aunque si crecerán más seguros de sí mismos y según algunos estudios serán más independientes. Antepondrán sus necesidades a las de los demás y tendrán dificultades para mantener buenas relaciones con sus iguales.

Negligente: Padres no implicados, que desatienden las necesidades del niño o son despectivos. Son padres fríos y controladores. Los hijos son apartados, no se les exige nada ni tienen responsabilidades. Se omiten las emociones y opiniones del niño. Aunque proveen las necesidades básicas del niño, los padres no respaldan a sus hijos. → Los niños se volverán emocionalmente retraídos, puede conducir a absentismo escolar y delincuencia, serán inmaduros emocionalmente y rebeldes. Los hijos sentirán que hay cosas más importantes que ellos en las vidas de sus padres. Serán niños con un peor rendimiento académico, muchas conductas externalizadas (rabietas) y que se convertirán en adolescentes hostiles, egoístas y carentes de metas a largo plazo.

¿Cuál es el correcto?

Como habréis deducido ya, el estilo correcto es el autoritativo/asertivo (democrático). Aquel en el que los padres son cálidos y afectivos y apoyan a su hijo pero también le imponen normas y reglas claras. Son padres que aplican un control raciona (las normas son explicadas y tienen sentido) y que exigen a los niños la madurez propia de su edad. Son padres que muestran una buena comunicación y que son accesibles a las necesidades emocionales del niño.

¿Qué puedo hacer para ser más autoritativo o asertivo?

  • Se consistente con las normas y reglas que aplicas.
  • Procura no gritar ni insultar a tu hijo.
  • Fomenta la comunicación y escúchale.
  • Deshecha el castigo físico. Tiene más consecuencias negativas que positivas.
  • Explícale a tu hijo porque algo está mal y asegúrate de que entiende que hay consecuencias a los actos. Pero siempre avísale antes para que tenga la oportunidad de decidir si quiere seguir adelante con esa conducta o no.
  • Demuéstrale afecto a tu hijo, se cariñoso y pasa tiempo de calidad con el (jugando, paseando). Aprende de sus intereses.
  • Hay que seguir adelante con los castigos, si se ha infringido una norma debe haber una consecuencia.
  • En adolescentes se puede negociar con ellos las conductas y sus consecuencias o privilegios.
  • No eres su amigo. Este es un fallo típico de los padres. Los padres deben ejercer como tales. Un hijo necesita normas y supervisión. Amigos ya tendrá muchos.
  • No uses etiquetas con tu hijo. La cosa que ha hecho puede estar mal pero ello no es lo mismo que decirle “eres malo”. No calificar al niño con adjetivos.
  • Elogia a tu hijo siempre que haga algo bien. Si hace algo mal ayúdale a corregir la conducta.
  • No compare a su hijo con otros niños o con sus hermanos.
  • Enséñale a pedir disculpas (y pídelas tú cuando te equivoques) y a perdonar. Enséñale a no mentir.
  • La mejor educación viene de un buen ejemplo. Sea un buen ejemplo para su hijo, no utilice palabrotas ni haga conductas que no quiera que el niño repita. “De tal palo…”
  • Hay que dejar que los niños exploren, se equivoquen y cometan fallos. No podemos sobreprotegerlos. El mejor aprendizaje proviene de la experiencia.
  • No hagas por tus hijos cosas que son capaces de hacer por sí mismos.
  • Exígeles responsabilidades (acordes a su edad).

Fuente: lauriapsicologia.com, irefrea.org, apa.org, Psicoactiva.

Imagen: Flickr.

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