La sonrisa natural es un sinónimo de felicidad, y hasta se puede contagiar entre las personas. Es un acto reflejo que realizamos al sentir una emoción positiva. Sin embargo, su utilidad a nivel social hace que de manera temprana aprendamos a sonreír de manera voluntaria.

La historia de la sonrisa como acto involuntario comienza antes de nacer, a partir de los seis meses de gestación. Aunque sonriamos, después de nacer necesitamos de dos a tres semanas después de nacer para entender qué es una sonrisa y saber reconocerla en otro rostro. Con cinco meses, un bebé ya sabe formar una sonrisa “social”, y puede escoger entre diferentes sonrisas (impaciente, satisfecha…).

Aunque sepamos poner una sonrisa falsa, no podemos compararla con una sonrisa autentica. Son completamente diferentes, tanto en pequeños detalles que podemos observar, como en la región del cerebro encargada de producirla. Vayamos por partes, ¿cómo distinguimos una auténtica sonrisa de una falsa?

Una de las primeras personas en estudiar la sonrisa fue el medico francés Guillaume Duchenne sobre 1850. Duchenne era experto en usar pequeñas descargas eléctricas para provocar la contracción de músculos concretos de la cara y del resto del cuerpo y así, estudiarlos. Una de las enfermedades descubiertas por él, la distrofia muscular de Duchenne, se basa en la desconexión neurológica de los músculos. Pudo demostrar que los músculos seguían funcionando si se le daba una descarga externa, así que el problema no era el músculo, sino los nervios encargados de comunicar el movimiento al músculo. También investigó el tema de la sonrisa aplicando descargas a los diferentes músculos de la cara, describiendo la complejidad de la formación de una sonrisa auténtica frente a una falsa. Sus investigaciones fueron usadas por el psicólogo Paul Ekman (en cuyos libros se han basado los guionistas de la serie Miénteme) para describir los diferentes tipos de sonrisas, llamando a la sonrisa original como “sonrisa Duchenne“.

Hay dos puntos clave para identificar una sonrisa Duchenne: la simetría en los labios y la contracción del músculo orbicular. Si nos fijamos bien en una sonrisa comprobaremos que ambos lados de la boca se encuentran a la misma altura. Además, al sonreír nuestros ojos se entrecierran ligeramente formando unas arrugas características en la comisura exterior. Cuando realizamos una sonrisa falsa, ésta acaba siendo ligeramente asimétrica y sin ser acompañada con los ojos. Aunque conozcamos estas características es muy difícil realizar de manera intencionada una sonrisa Duchenne, por eso a los actores que necesitan sonreír en una escena se les pide que piensen en algo alegre para hacer aflorar la sonrisa natural. Una sonrisa auténtica es imposible de imitar del todo.

Para hacer una prueba, en la foto tenemos a la misma persona haciendo los dos tipos de sonrisa. Trata de adivinar cuál es la auténtica sonrisa observando la asimetría y los ojos. No es tan complicado como parece con lo descrito hasta el momento.

sonrisarealfalsa

La sonrisa autentica es la de la de la izquierda. Puedes hacer un test más completo en esta página (en inglés): http://www.bbc.co.uk/science/humanbody/mind/surveys/smiles/index_1.shtml

El tema tiene más importancia de la que parece. En un estudio de 1986, se compararon las sonrisas que mostraban diferentes candidatos al senado americano en sus carteles. Los psicólogos comprobaron que los políticos que mostraban una sonrisa Duchenne en sus carteles tenían unos mayores índices de éxito electoral. El éxito está producido por muchos más factores, pero seguramente la sonrisa Duchenne produzca una imagen de acercamiento y sinceridad a la población frente a una sonrisa claramente falsa.

Las características de la sonrisa auténtica y la falsa tienen un origen neurológico. Nuestra sonrisa natural aflora debido a la acción de los gánglios basales por respuesta del sistema límbico. El sistema límbico es un grupo de áreas de nuestro cerebro encargadas de la producción de la emoción, y la sonrisa es un acto reflejo que se produce en presencia de una emoción intensa. En cambio, la sonrisa falsa se produce con la corteza motora de nuestro cerebro, la misma que usamos a la hora de mover nuestro cuerpo. No hay ninguna emoción que provoque la formación de la sonrisa falsa, sino nuestra propia orden de sonreír. La contracción del musculo orbicular es demasiado compleja como para ser imitada de manera consciente, por eso incluso se delata en la sonrisa de la gente poco entrenada. Respecto a la asimetría, la corteza motora tiene lateralidad, y muestra dominancia hacia los movimientos de un lado de nuestro cuerpo, que en la mayoría de personas es la derecha (y lo que llamamos ser diestro), haciendo que la sonrisa falsa este ligeramente torcida hacia el lado dominante.

Se sabe que las sonrisas auténticas y falsas tienen orígenes neurológicos diferentes gracias a los descubrimientos de pacientes con problemas para sonreír. Existen pacientes con daño en los ganglios basales que han perdido en parte la capacidad para realizar movimientos inconscientes. Parecen no tener ningún problema, y son capaces de andar y moverse con normalidad, pero son incapaces de sonreír de manera natural (aunque sí pueden crear sonrisas falsas). Cuando sonríen de manera natural se les forma una sonrisa torcida muy característica. También existen pacientes con daño en la corteza motora que les impiden mover los músculos de la cara. Estos pacientes tienen problemas para hablar (ya que deben mover los labios) y realizar expresiones de manera voluntaria. Sin embargo, son capaces de sonreír si se les cuenta algo divertido, ya que la región de los ganglios basales está intacta. Para un neurólogo, estos síntomas relacionados con la sonrisa le dan pistas valiosas para detectar el origen de un daño neurológico. Se le pide al paciente sonreír y luego se le hace sonreír. Dependiendo de dónde aparezca el problema puede realizar un diagnóstico más acertado.

Por último, aunque hablemos de sonrisas falsas, no deben ser necesariamente usadas para un contexto negativo. No siempre significan la generación de una fachada para ocultar las intenciones que tenemos en realidad. Se ha comprobado que si nos forzamos a crear una sonrisa falsa acabaremos formando una sonrisa real. A veces solo sonreímos porque queremos estar felices.

Fuente | Viaje extraordinario al centro del cerebro

Imagen | C-curioso