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Investigadores del Centre de Regulació Genòmica de Barcelona han encontrado el mecanismo celular que explica por qué el ejercicio físico es beneficioso para el corazón y han descubierto que el deporte moderado eleva el nivel de ciertas proteínas en las mitocondrias de sus células cardíacas.

Ya sea levantando pesas en el gimnasio o paseando por el barrio, el ejercicio físico tiene muchos beneficios, como ayudar a perder peso o tener unos músculos más fuertes. Algunos estudios sugieren que puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer y otras enfermedades.

También son bien conocidos los efectos beneficiosos en nuestra salud cardiovascular y, como consecuencia, en la extensión de la duración de la vida. Sin duda, el ejercicio refuerza el corazón, que así puede bombear más sangre hacia el cuerpo de forma más eficiente. Y las personas que entrenan y hacen ejercicio regularmente tienen menos riesgos de desarrollar problemas cardíacos y enfermedades cardiovasculares. Un estudio incluso indica que unas 250.000 muertes anuales en Estados Unidos se deben, al menos parcialmente, a la falta de ejercicio físico. Ahora bien, a pesar de los bien documentados beneficios del ejercicio físico para nuestro corazón, la manera exacta en que éste ayuda a nivel molecular nunca se ha dilucidado.

Niveles elevados de proteínas

Hasta hoy. Los investigadores del CRG han descrito en la revista científica Journal of Proteome Research, de la Asociación Americana de Química (ACS), que la actividad física moderada a largo plazo podría mejorar la salud cardiovascular en ratones influyendo en la fuerza motriz de las células cardíacas: las mitocondrias, encargadas de producir energía para las células de todo cuerpo. Éstas juegan un papel clave en la adaptación de músculo del corazón a las demandas metabólicas relacionadas con la práctica del ejercicio.

El equipo de científicos ha descubierto que los ratones de laboratorio (empleados como modelos de enfermedades humanas) que realizaban ejercicio durante 54 semanas, siguiendo una rutina de footing concreta, tenían niveles más altos de ciertas proteínas en las mitocondrias de sus células cardíacas que los ratones que no hacían ejercicio. En concreto, los investigadores identificaron dos proteínas, las cinasas denominadas RAF y p38, que podrían desencadenan los efectos cardiovasculares beneficiosos de la realización de ejercicio físico durante un período de tiempo prolongado.

Persistencia y regularidad

Las claves para exprimir al máximo los beneficios que puede aportar el deporte son la continuidad y la regularidad. Es cierto que hay que respetar los descansos después de la actividad, pero sólo la constancia acaba por brindar los beneficios. Además, no todos los deportes son adecuados para todos. Ello dependerá del objetivo que se está persiguiendo, de la condición física y de la edad. Por ejemplo, sin ir más lejos, si lo que se pretende es mejorar la salud cardiovascular, lo más adecuado son ejercicios que aumenten la resistencia cardiovascular son 30 minutos diarios de una actividad moderada como la natación, dar un paseo o ir en bicicleta. Cualquier actividad que pueda implicar media hora de actividad al día es buena, desde subir escaleras hasta ir a comprar caminando.

Si lo que se pretende es perder peso, deportes como el tenis, el fútbol o correr son ideales para quemar grasa, aunque no tanto para personas con problemas cardiovasculares o de articulaciones (son deportes de mucho mayor impacto). Para aquellos que padecen dolores musculares, el senderismo las caminatas no resultan exigente. Además, ayudan a minimizar el estrés.

O para aquellos que ya tienen más de 40 años, deportes como ciclismo, golf, natación o tenis pueden ser muy adecuados. Al final, cada uno puede practicar lo que desee más allá de los consejos. Lo que sí que es cierto es que existen ciertas condiciones o situaciones en la vida que obligan a una consulta previa al médico para asegurarnos de que la práctica de un deporte determinado no nos acarreará problemas.

Fuente | Centre de Regulació Genòmica

Imagen | Fairfax County