Omicrono, la tecnología de El Español

Hubo un tiempo en el que la astronomía era considerada por algunos poderosos el sumun del conocimiento. Hablo de la época de Kepler y Tycho Brahe, la época en la que comenzamos a entender el Ssistema Solar más allá de dioses y cuentos, la época en que empezamos a darnos cuenta de que no ocupamos un lugar especial en el universo. No es de extrañar que se produjeran tantos avances en la cartografía  y comprensión del cielo cuando reyes como los de Dinamarca dedicaban más del 5% del presupuesto nacional en su observatorio de las Islas Feroe. Hoy lo más parecido que tenemos es la NASA, cuyo presupuesto no supone ni el 1% de la recaudación anual de EEUU. Pero con menos conseguimos mucho más.

Durante muchos años la NASA ha sido por méritos  propios el referente mundial en astronomía  y tambien por eso sus errores han sido siempre muy sonados. Sin embargo, más allá del desastre del Columbia o de equivocarse en una simple conversión  de unidades y mandar un Rover a una zanja, hay un error que destaca sobre los demás por ser la causa de una de las mayores evoluciones en la detección del cáncer de mama.

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Corria el año 1990 y el telescopio Hubble entraba en órbita. Un proyecto colosal fruto de años de investigación , desarrollo, construcción… Una de las mayores obras de ingeniería hasta la fecha. Excitantes esperaban los físicos las primeras imágenes del coloso cuando descubrieron para su sorpresa que estas aparecían borrosas y faltas de rango dinámico. Había un grave problema en el espejo principal del telescopio para cuya reparación no había fondos disponibles

Era necesario encontrar una solución intermedia al problema antes de recaudar fondos suficientes para una reparacion in situ sin tener un proyecto multimillonario parado durante años. Y aquí es donde surge el ingenio de los astrofísicos que optaron por un algoritmo de procesamiento de imagen como solucion temporal. De esta forma las fotografías de Hubble estuvieron 3 años pasando por una versión práctica y mucho más  potente del Photoshop antes de ser analizadas.

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Hasta aquí todo queda entre astrónomos  e ingenieros, nada que llame la atención. Sin embargo un día el Dr. Snavely se dio cuenta de que las imágenes que analizaban del Hubble y las que se usan para detectar microcalcificaciones en mamografías, eran prácticamente iguales. Así pues puso en contacto su grupo de trabajo del Hubble con lo médicos en detección de cáncer de mama en busca de una forma eficiente de transferir el algoritmo que habían desarrollado.

La implantación de dichos algoritmos fue bastante rápida y en poco tiempo se mejoró drásticamente la detección precoz del cáncer de mama, a coste muy reducido. Gracias a este método, aún empleado a día de hoy, se han salvado muchas vidas y muchos problemas y preocupaciones mediante la detección prematura de este tipo de cáncer. Un claro ejemplo de que a veces las soluciones a los grandes problemas en la tierra, está en las estrellas.

Fuente: NASA

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