Omicrono, la tecnología de El Español

Aunque nos pueda parecer un poco repugnante admitirlo al principio, nuestro cuerpo está habitado por numerosos ‘bichillos’ que están viviendo plácidamente en diferentes partes como en la piel o el intestino. No os preocupéis porque la inmensa mayoría de estos microorganismos son benignos y nos beneficiamos mutuamente. De hecho, es tal la cantidad de bacterias que tenemos en nuestro organismo que prácticamente un kilogramo de nuestro peso se debe a los microorganismos que llevamos con nosotros y que se cuentan por billones.

Anteriormente en Medciencia hemos hablado sobre si las bacterias intestinales pueden hacerte más inteligente, si podrían prevenir la obesidad o cuáles son los 5 beneficios de nuestra flora intestinal. En resumidas cuentas, las bacterias intestinales tienen un papel importante en diferentes aspectos de nuestra vida, entre ellos para mantenernos sanos.

Hoy vamos a hablar precisamente de cómo podríamos utilizar estas bacterias intestinales para tratar enfermedades que afecten a nuestro cerebro. Para ello, un equipo de investigadores del California Institute of Technology ha estudiado el efecto en el cerebro de algunas moléculas producidas por la flora intestinal en ratones.

La flora intestinal puede cambiar el comportamiento del cerebro

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El equipo ha descubierto que la flora intestinal es capaz de comunicarse con el cerebro a través de una serie de moléculas que producen y que pasan a la circulación sanguínea. Estas moléculas son lo suficientemente potentes como para cambiar el comportamiento del ratón.

“Hemos demostrado, por ejemplo, que un metabolito producido por las bacterias del intestino es suficiente para causar anormalidades de comportamiento asociados con el autismo y la ansiedad cuando se inyecta en ratones sanos”, explica Sarkis Mazmanian, uno de los autores del estudio.

Es decir, cambiar el comportamiento de nuestro cerebro es posible con las moléculas producidas por las bacterias de la flora intestinal, por lo que no sería descabellado pensar que esta vía terapéutica se pueda usar en un futuro para tratar diversas enfermedades cerebrales como la ansiedad, la depresión o el autismo.

Obviamente, todavía queda mucho camino por recorrer como bien indican los investigadores:

“Los trastornos neurodegenerativos muy complejos pueden estar relacionados con el microbioma (los microorganismos que viven en nuestro cuerpo), pero una vez más esto es muy especulativo”

Realmente estamos empezando a conocer ahora la importancia que tienen las bacterias de nuestro cuerpo para mantenernos sanos. Con cada nuevo descubrimiento que se realiza en este campo, las posibilidades terapéuticas se disparan enormemente. Sin embargo, nuestra ignorancia sigue siendo grande y se necesitarán más investigaciones que nos ayuden a entender cómo afecta la flora intestinal a nuestro cerebro.

Fuente: ScienceDaily

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