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A todos nos encanta hablar de sexo. Al final, si nos damos cuenta, en casi cualquier conversación aparece el tema, hacemos muchas bromas al respecto, nos llaman la atención mensajes, imágenes o sucesos… todos relacionados con el sexo. Y no sólo hablamos de él, sino que pensamos en ello varias veces al día. Entonces, si nos gusta hablar de sexo, nos parece divertido y pensamos en él como en cualquier otra cosa, ¿por qué sigue siendo un tema tabú?

Cuando hago referencia a tabú no me refiero sólo a hablar del tema, ya vemos que, por lo general, a todos nos gusta y nos divierte. Pero cuando hablamos de educación sexual, ¿la hemos recibido?, ¿es la adecuada?, ¿y si tengo dudas, a quién pregunto?, ¿dónde hemos aprendido todo lo que sabemos?, ¿por qué siguen existiendo prejuicios y miedos con respecto al sexo? Éstas y otras muchas son preguntas que tal vez no nos planteamos nunca, pero para mucha gente cualquier tema relacionado con el sexo sigue siendo un tema prohibido y olvidado, algo de lo que no se debe hablar, algo privado que dejamos de lado para algunas ocasiones determinadas de las que, probablemente, ni hagamos mención.

¿Sexo o sexualidad?

Popularmente, cuando hablamos de sexo hacemos referencia a las relaciones sexuales y a cualquier cosa que tenga que ver con ellas. Pero debemos comprender que al hablar de sexo como tal, nos referimos a las características biológicas (genéticas, gonadales, genitales, etc.) que configuran a una persona sexuada como hombre, mujer o intersexual, aunque de esto último os hablaré un poco más adelante. En conclusión, somos seres sexuados desde que nacemos hasta que morimos.

Nuestra sexualidad es la forma en que vivimos, nos sentimos, nos vemos como personas sexuadas. Por tanto, la sexualidad incluye el sexo, las identidades y roles sexuales, la orientación afectivo-sexual, el erotismo, el placer, la reproducción y la intimidad. Además, hay que tener en cuenta que está influenciada por muchísimos factores como los biológicos, psicológicos, sociales, culturales, políticos, éticos, legales, históricos, religiosos e incluso espirituales. Y no sólo eso, sino que se experimenta y se expresa mediante fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones.

Como vemos, la sexualidad es algo bastante complejo, que implica infinidad de cosas que harán que la descubramos y desarrollemos. Su forma de expresarla abarca muchas maneras, nos ayuda a conocernos y conocer a los demás y, por supuesto, no se vive igual a lo largo de nuestra vida.

Educación sexual como asignatura pendiente

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Es importante que tengamos en cuenta que la sexualidad es algo natural, ya lo decimos: Somos seres sexuados desde que nacemos hasta que morimos, y por tanto es una forma de expresarnos como tal. Aunque no debemos perder de vista que está rodeada de muchos factores que la pueden condicionar.

Por eso la educación afectivo-sexual es fundamental: aprender a saber qué y cómo somos, entender cómo funcionamos, cómo nos expresamos, etc. deberían formar parte de nuestro día a día. Pero aún, por desgracia, no es una asignatura obligatoria en el colegio, y aprendemos sobre sexualidad de diversas fuentes, aunque algunas de ellas no sean las más fiables. Es por eso que, a lo largo de nuestra vida, vamos recibiendo todo tipo de mensajes a cerca de la sexualidad, de cómo debemos vivirla, de cómo debemos comportarnos si somos hombres o mujeres y de qué es lo “normal” o no en nuestras conductas sexuales. Es importante saber qué cuanta más educación sexual de calidad tengamos, mejor serán nuestras relaciones con uno mismo y con los demás, no solo a nivel sexual, sino en todos los ámbitos.

Cuanta más información tengamos sobre sexualidad, mejor podremos disfrutar de nuestras relaciones sexuales con nosotros mismos y con los demás.

A veces no somos conscientes de la influencia que la Iglesia Católica ha tenido sobre nuestra sociedad durante siglos, y por ende, también ha condicionado nuestra visión sobre la sexualidad. Hoy en día, ya no sólo nos casamos para tener relaciones sexuales y con el fin de tener hijos, sino que hay un mundo mucho más amplio por descubrir y disfrutar. Por ello, la fe o las creencias religiosas que tengamos no son incompatibles con vivir una sexualidad plena.

Vivir la sexualidad de forma positiva

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Cómo hemos visto, la sexualidad es un todo que nos determina en nuestro día a día. La educación sexual que recibimos y las creencias que tengamos al respecto harán que la vivamos de una u otra manera, y a veces no la disfrutamos como quisiéramos. He aquí algunos consejos para entender la sexualidad desde una perspectiva sana y positiva:

– La sexualidad es algo natural, inherente al ser humano. Es por ello que no tiene nada de sucio, ni pecaminoso, ni vergonzoso…cada uno decide como vivirla.

Ser hombre o ser mujer no es mejor ni peor que el otro sexo. Tener vagina o tener pene nos da beneficios y aprender a conocer cómo funcionan, cómo responden y cómo utilizarlos es un derecho.

Las relaciones sexuales van más allá de la penetración y de los genitales. Tenemos aproximadamente 2 metros cuadrados de piel, por tanto, hay un mundo más allá del pene/vagina y pechos para estimular, un sinfín de sensaciones por descubrir. Igualmente pasa con las prácticas sexuales, existen muchos juegos eróticos de los que disfrutar que no son sólo penetración, ya sea vaginal o anal.

Las relaciones sexuales van más allá de la mera procreación como antes conocíamos, son una forma de comunicación con los demás y, sobre todo, una práctica placentera que hace que la deseemos y busquemos.

Cada persona es única, por tanto, tenemos derecho a tener diferentes gustos e inquietudes, a pedir, dar y recibir, no olvidando nunca el respeto mutuo. La comunicación con nuestra pareja sexual es fundamental, pedirle lo que nos gusta y escuchar sus deseos enriquece nuestras relaciones.

Todos somos diferentes, cada uno tiene un cuerpo con defectos y virtudes. Aprender a quererlo, aceptarlo y disfrutar de él y con él es la base de la satisfacción.

La masturbación es una práctica muy saludable, ayuda a conocerse a uno mismo para aprender a disfrutar y saber lo que nos gusta.

La sexualidad no es estática, puede variar a lo largo de nuestra vida. Alfred Kinsey, uno de los precursores de la sexología científica, ya apuntaba que la orientación afectivo sexual no siempre es estática, por lo que algunas personas se pueden sentir más o menos atraídas por el sexo contrario en algún momento de su vida. Si en cierto momento nos ocurre esto, podemos aceptarlo y aprender a disfrutarlo.

– Mantener relaciones sexuales con diferentes parejas a lo largo de nuestra vida no nos convierte en personas indecentes, la promiscuidad no tiene por qué ser considerada algo negativo. Tenemos derecho a disfrutar y expresar nuestra sexualidad con quién queramos y cuántas veces queramos sin ser juzgados.

– Tener algún tipo de disfunción sexual no nos convierte en bichos raros. Como cualquier otro ámbito de la salud, la sexualidad puede generarnos algún problema o dificultad a lo largo de nuestra vida, tanto a nivel psicológico como orgánico, por tanto reconocerlo y buscar ayuda es importante.

No debemos olvidar que la sexualidad es algo positivo de lo que disfrutar todos y cada uno de nuestros días y nos ofrece un sinfín de posibilidades a descubrir sea cual sea nuestra edad, orientación, sexo, religión, etc.

Imagen: Entre mujeres, Sexualidad positiva

Fuente: Tu sexo es tuyo

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