En alguna ocasión ya nos hemos preguntado, ¿por qué los adolescentes son así? Es una duda compleja, y la respuesta lo es también. El cerebro adolescente es un órgano inmaduro que no parece obedecer las reglas de comportamiento básico, dejando a su dueño (el adolescente en cuestión) tomar ciertos riesgos que, en la mente de un adulto, no valen la pena en absoluto.

Ahora, una reciente investigación por parte de la Universidad de Pittsburgh intenta arrojar un poco de luz en el asunto, pues parece que la promesa de “recompensa” supera a cualquier tipo de precaución ante los riesgos posibles en un cerebro adolescente.

El cerebro adolescente: La recompensa siempre supera al riesgo

dopamina

La teoría que se manejaba hasta ahora era que el cerebro adolescente toma riesgos sin pensarlo gracias a los chutes” de dopamina, el neurotransmisor que controla los centros de recompensa y placer en el cerebro. Como bien digo, era una teoría, pues resulta que la mayor parte de los estudios usados para defenderla se basaban en cerebros adultos, y eso podría haber sido un gran sesgo.

Esta vez, Bita Moghaddam y sus colegas echaron un vistazo directamente en un cerebro adolescente, de ratas en este caso, y encontraron algo diferente a lo pensado hasta ahora. Según sus hallazgos, publicados en la revista Biological Psychiatry, el cerebro adolescente no funciona como pensábamos. De hecho sus neuronas responsables de liberar dopamina se encuentran menos activas que en los adultos.

¿Contradictorio? Sí, y mucho, pero para Moghaddam tiene sentido. Según su estudio, las ratas adultas reciben picos de dopamina tan solo por pensar en la posible recompensa. Sin embargo las ratas adolescentes no reciben el mismo nivel de dopamina, lo que en seres humanos se refleja en el hecho de que los adolescentes necesitan hacer algo (aún con riesgos incluídos) para conseguir dicho pico de dopamina. La anticipación de recompensa no es suficiente para el cerebro adolescente.

“Nuestro estudio también muestra que la activación previa de neuronas de dopamina se pausa una milésima de segundo o dos antes de realizar cualquier acto, y precisamente esta pausa no existe en el cerebro adolescente. Así que en realidad ellos entran en acción buscando la recompensa sin este tipo de pausa que sí tiene el cerebro adulto”

Conclusión

conclusion

Como podéis ver, Moghaddam y sus colegas no refutan la teoría anterior: La dopamina sí tiene mucho que ver en el comportamiento del cerebro adolescente. Sin embargo, la teoría anterior parece estar mal formulada, pues lo que se pensaba es que las neuronas dopaminérgicas en la adolescencia se encuentran mucho más activas que en el cerebro adulto. Y esto no es así, lo que sucede es que se encuentran menos activas, y sin una pausa previa a su liberación del neurotransmisor. Esto acaba produciendo que los adolescentes realicen actos arriesgados sin pensar (sin la pausa) con el objetivo de provocar la liberación de dopamina cerebral.

En otras palabras: Sin tomar el riesgo pertinente, el cerebro adolescente no libera dopamina igual que el cerebro adulto. La mera anticipación de una futura recompensa no sirve, y toca arriesgar para conseguirla. Además, los cerebros adultos aprenden a dejar de liberar dopamina si anticipan que no habrá recompensa; pero el cerebro adolescente conserva recuerdos de recompensas pasadas, y no “aprenden” que el mismo riesgo no dará la recompensa final buscada.

Vía | Neuroscience News.

Fuente | Biological Psychiatry.