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Una de las etapas que más miedo generan a la hora de decidir qué comer y qué no es el embarazo.  Y es que, por lo general, tendemos a comer alimentos que resulten beneficiosos para nuestra salud, pero las embarazadas se preocupan aún más por la de esa criaturita que está creciendo en su interior y que ya tendrá tiempo de hartarse a comida basura cuando pueda vivir de forma autónoma.  Por eso, desde el momento en que el test de embarazo o el ginecólogo les da la noticia, comienzan a listar cuáles son las comidas de las que se pueden hartar, cuáles pueden ingerir con moderación y de cuáles deben huir inmediatamente.  Según un reciente estudio liderado por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental, el pescado no debe faltar en la dieta de las embarazadas, pues favorece el desarrollo cognitivo del bebé.

¿En qué consistió el estudio?

embarazada

Para la realización del estudio, los investigadores analizaron los datos de los nacimientos de bebés de unas 1600 mujeres españolas.  Estos datos consistían en un análisis del consumo de pescado durante el embarazo y una posterior evaluación del desarrollo cognitivo del recién nacido.  Dividieron los datos del consumo de pescado  en cuatro grupos: azul pequeño (caballa o sardinas), azul grande (bonito o atún), blanco (lenguado o merluza)  y marisco.  

Los resultados de las pruebas, que se realizaron a los niños a los 14 meses y a los 5 años, fueron mejores en  aquellos cuyas madres habían tenido dietas ricas en pescado azul grande, seguido del blanco y, a continuación, del azul pequeño.  De hecho, se obtuvieron unos valores muy favorables en la escala del espectro autista, pues los hijos de consumidoras asiduas de pescado (unas tres porciones semanales), mostraron muchos menos síntomas que los otros.

Además, al contrario de lo que ocurre con otras sustancias, los resultados no se volvían perjudiciales al aumentar la dosis de pescado; sino que, simplemente, a partir de cierta cantidad, se saturaban y ya no resultaban ni más beneficiosos, ni perjudiciales.  Esto podría resultar curioso si tenemos en cuenta que las guías americanas desaconsejan a las embarazadas consumir pescado azul grande, pues acumulan metales pesados, como el mercurio, y otros contaminantes, como los organoclorados. Sin embargo, esto no pareció influir en los resultados obtenidos por estos investigadores, que afirman que, posiblemente, el efecto positivo del pescado contrarresta el negativo de estos contaminantes.

Por último, el estudio también señala la importancia del momento del embarazo en el que se consume el pescado; pues, si ocurre en el primer trimestre, los resultados son mucho más favorables. Posiblemente por la capacidad de los ácidos grasos omega tres de formar membranas celulares.

En conclusión, si estáis embarazadas ya sabéis, cambiar el jamón por el atún durante nueve meses será uno de los primeros regalos que podéis hacerle a vuestros hijos. Y si no os gusta, podéis elegir otro, será por pescados.

Fuente: Americal Journal of Epidemiology

Vía: Agencia Sinc