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Es ampliamente conocido que algunas bacterias tienen la capacidad de moverse en dirección a un foco de luz, a través de un proceso conocido como fototaxis.  Si nosotros decidimos caminar hacia la luz, es muy fácil, la vemos y nos dirigimos a ella, pero las bacterias no pueden ver. ¿O sí? La respuesta la han hallado prácticamente por casualidad un grupo de científicos de la Universidad Queen Mary, de Londres, y os vamos a contar sus descubrimientos en este artículo.

¿Qué son las cianobacterias?

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Los científicos han llegado a este descubrimiento investigando el comportamiento de las cianobacterias, por lo que es importante dejar claro lo que son. Se trata de una serie de bacterias capaces de realizar la fotosíntesis oxigénica, por lo que pueden ser confundidas con algas, hasta el punto que antiguamente se les conocía como algas verde azuladas.  Precisamente la habilidad para realizar la fotosíntesis es la que las lleva a necesitar la luz del sol hasta el punto de  buscarla directamente. La especie usada en el estudio, llamada Synechocystis, vive en lagos de aguadulce y ríos, dónde se puede observar cómo se agrupan y se dirigen hacia la luz del sol, venga de donde venga.

Un funcionamiento similar al del ojo humano

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Está claro que si este tipo de microorganismos pueden detectar la luz del sol es porque tienen fotosensores, lo que no se sabía hasta ahora es en qué se basa su funcionamiento, que en realidad es muy similar al de las lentes de las cámaras o incluso al del ojo humano.  Básicamente, cuando la luz incide sobre la superficie esférica de las cianobacterias, se refracta en un punto al otro lado de la célula, dando lugar a que la ésta se desplace hacia él. Este acercamiento lo consiguen extendiendo unas estructuras llamadas pili, similares a pequeños tentáculos.

Como ocurre con la mayoría de descubrimientos interesantes, éste tuvo lugar por casualidad, cuando se encontraban irradiando las cianobacterias a través del microscopio para observar su comportamiento frente a la luz. Curiosamente, comprobaron que la luz que irradiaban se reenfocaba en otro punto y que la célula comenzaba a dirigirse allí. Estudios más exhaustivos llevaron a entender el mecanismo anteriormente explicado, que en realidad es tan simple que, según estos investigadores, “es increíble que nadie se diera cuenta antes”.

Aunque la imagen que obtienen del entorno sería muy borrosa, muy lejos de la nitidez con que podemos ver los humanos, es más que suficiente para poder detectar la luz y utilizarla durante la fotosíntesis. De hecho, es posible que alguna vea mejor de lo que muchos miopes vemos sin gafas.

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Queda por estudiar si otras bacterias utilizan mecanismo similares, pero de momento parece claro que estas cianobacterias funcionan como pequeños globos oculares.  ¿Verdad que es curioso?

Vía: BBC

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