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Se conoce que los nacimientos por cesárea implican una serie de problemas por los cuáles lo mejor es realizarlas sólo cuando sea estrictamente necesario. De hecho, en un post reciente os hablábamos de las modificaciones epigenéticas asociadas a este tipo de nacimientos.  Además, se conoce que la flora bacteriana de los bebés nacidos por parto natural está mejor poblada que la de  los extraídos por cesárea. Sin embargo, científicos de la Universidad de Nueva York han conseguido solucionar este problema de una forma tan simple que os quedaréis con la boca abierta.

¿Cómo se fortalece la flora bacteriana de los niños nacidos por parto natural?

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El conocido como parto natural, es el parto en el que el bebé se extrae del interior de la madre a través de la vagina. Durante el proceso, el pequeño pasa a través de las bacterias presentes en el canal vaginal, conocidas como microbioma vaginal, fortaleciendo de este modo su propia flora bacteriana y, con ello, quedando protegido frente a la contracción de algunas enfermedades. Los nacidos por cesárea, sin embargo, son extraídos directamente del vientre materno, sin pasar por esta experiencia protectora.

¿Cómo se puede solucionar el problema?

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Una serie de investigadores de la Universidad de Nueva York, encabezados por María Gloria Domínguez-Bello, han conseguido una solución absurdamente simple. Para ello, probaron a introducir una gasa en la vagina de las madres a las que se les iba a practicar la cesárea, de modo que ésta quedaba impregnada de las bacterias pobladoras del canal vaginal. A continuación, se frotaba dicha gasa por la cara de los bebés recién nacidos, cuya flora bacteriana fue analizada un mes después. Increíblemente, ésta no mostraba diferencias respecto a la de los niños que habían venido al mundo por parto natural, demostrándose así la efectividad del experimento.

De momento no se deben lanzar las campanas al vuelo, pues el estudio sólo se realizó con cuatro bebés, a los que se comparó con otros siete nacidos por vía vaginal y siete más que habían nacido por cesárea, pero no habían sido frotados con la gasa. Por lo tanto, es necesario repetir el experimento con un mayor tamaño muestral y comprobar si se reproducen los resultados. Pretenden reclutar 1500 voluntarias, por lo que el proceso podrá ser largo. Además, también habría que tener en cuenta otros factores, como comprobar que las madres tienen una buena salud vaginal, sin ningún rastro de posibles infecciones. Por último, el seguimiento a los bebés debe realizarse durante más tiempo y no abandonarlo con una sola comprobación en el primer mes. Si, aún así, los resultados fuesen positivos, estaríamos ante un mecanismo enormemente sencillo y barato para conseguir que estos niños gocen de una mejor salud.

A veces no queda más remedio que optar por la cesárea, por lo que conseguir que el bebé sufra lo menos posible durante el proceso es una investigación muy noble. Y si todo se puede conseguir con una simple gasa, mejor que mejor.

Fuente: Nature

Vía: The Scientist