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Aunque aún queda mucho por hacer, cada vez es más frecuente la concienciación de la población en lo que a contaminación se refiere.

Como sabéis, muchos de los envases de los que nos solemos desprender tardan miles de años en descomponerse y, en caso de llegar al océano, pueden ocasionar grandes daños, especialmente a los animales marinos. Por ejemplo, es frecuente que se enreden con los plásticos o, directamente, se los coman, obstruyendo su sistema digestivo e impidiendo que puedan alimentarse.

Además de las típicas bolsas del supermercado, también es muy frecuente que esto ocurra con las botellas de agua de plástico, que normalmente se utilizan una sola vez y, después, se desechan. Por eso, un diseñador islandés ha fabricado un recipiente biodegradable con materiales que os sorprenderán.

Si no puedes ser desechada en el mar, únete a él

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Como vimos en un artículo reciente, algunos compuestos químicos contenidos en las botellas de plástico pueden ser peligrosos, por lo que no todo el mundo se atreve a reutilizarlas y acaba deshaciéndose de ellas inmediatamente.

Esto hace que lleguen al mar, donde pueden llegar a tardar más de mil años en descomponerse, poniendo mientras tanto en peligro a la fauna allí presente.

Esto ha llevado a Ari Jónsson, estudiante de la Escuela de Artes de Islandia, a buscar un modo de fabricar estas botellas con materiales afines al océano, que puedan ser degradados rápidamente.

Agar, de las algas a esta botella de agua biodegradable

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Para la realización de esta botella, Jónsson, utilizó agar (también conocido como agar-agar)  y agua.

El agar, es una sustancia derivada de las algas muy utilizada en la industria, especialmente en la alimentaria, ya que se usa como gelificante en la elaboración de muchos de sus productos. También es muy frecuente su utilización en laboratorios, ya que se puede usar como medio de cultivo en microbiología o, también, para la realización de geles de electroforesis (usados para separar biomoléculas por tamaño) en biología molecular.

Todos sus usos suelen ser debidos, como os decía, a su textura en forma de gel, por lo que este diseñador pensó que podría ser una buena forma de obtener una botella biodegrdable. Para ello, mezcló polvo de agar con agua, lo calentó para obtener la mezcla gelatinosa y, después, lo depositó en moldes, que luego dejó enfriar, introduciéndolos en contenedores de agua con hielo.

Como él esperaba, pudo obtener botellas, similares a las de plástico, que también mantenían la forma una vez consumido todo su contenido. La diferencia entre ambas es que, poco tiempo después, la fabricada con agar comienza a descomponerse. Además, presenta otra curiosa peculiaridad, pues es totalmente comestible, aunque Jónsson no asegura que su sabor vaya a satisfacer mucho a los consumidores.

Aunque recientemente se han descubierto formas muy novedosas de eliminar el plástico, como la bacteria de la que os hablamos recientemente, esta botella no necesitaría ninguna de estas herramientas, pues se descompondría ella solita. Eso sí, habría que trabajar un poco eso del agua con sabor a mar; pero bueno, hasta que se consiga, no deja de ser una gran idea.

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