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Ayer mismo Stephen Hawking anunciaba la intención de mandar una misión en un viaje interestelar. Pero lo más excitante del anuncio no la idea de llegar a otra estrella, sino todo lo que ello implica.

Stephen Hawking se ha ganado un nombre dentro de la comunidad científica gracias a sus revolucionarias ideas sobre el tiempo, los agujeros negros, vida extraterrestre… Pero últimamente su carrera a dado un pequeño giro desde la investigación hacia la dirección y planificación de futuras misiones. Es un paso bastante natural en la vida de un investigadores, pero Stephen Hawking se lo ha tomado muy enserio y aprovechando su popularidad, es uno de los estandartes de la nueva carrera espacial.

Al más puro estilo Elon Musk, Stephen Hawking parece más interesado en empujar las barreras de lo posible más allá con ideas locas que incluso hoy suenan tan irrealizables que suenan a ciencia ficción. En este caso la propuesta es mandar la primera sonda a otro sistema planetario, el de Alfa Centauri, la estrella más cercana después del Sol. Una idea propia más de una novela de Julio Verne que de un científico actual… pero también lo llegar a la Luna hace un siglo y lo conseguimos, vaya que si lo conseguimos.

La era de la privatización espacial y las ideas de ciencia ficción

alpha centauri hawking 1

Tras la segunda guerra mundial siguió la guerra fría y con ella la carrera espacial. A pesar de la tensión que existía ante una posible tercera guerra mundial este fue el periodo más apasionantes para la astrofísica de cuantos ha habido en la historia. En pocas décadas se consiguieron logros jamás antes imaginables y aunque el motor fuera la chulería y la intimidación, los resultados nos han beneficiado a todos enormemente. Pero entonces llegó la paz, la tranquilidad y los apretones de manos mientras el mundo se olvidaba que lo único bueno que queda de una guerra es el progreso científico.

Ya van casi 2 generaciones (entre las que me incluyo) que no disfrutan de la pasión, la emoción y la excitación que suscita un enfrentamiento como la carrera en la exploración espacial en la que cada poco tiempo se rompen barreras milenarias. Sin embargo, con la llegada de los inversores privados, parece que esta pasión por el espacio ha resurgido y poco a poco el desarrollo se va acelerando y poniendo metas cada vez más grandes, haciéndonos soñar de nuevo con cualquier cosa. Las dos principales cabezas visibles de este movimiento son sin duda Elon Musk y Stepehen Hawking, con gran ayuda del dinero y quien lo posee.

Astronauta

Este nuevo proyecto de Stephen Hawking ejemplifica a la perfección el lema de esta nueva carrera espacial: “No digas imposible, sólo es fuérzate en conseguirlo”. Este planteamiento choca directamente con la sensación actual de avanzar lento pero seguro, con pocos riesgos ni grandes metas tampoco. Y lo mejor de todo es que no es un proyecto aislado, el plan de búsqueda de vida inteligente extraterrestre que están llevando a cabo el propio Stephen Hawking y el astrofísico Drake o los recientes éxitos de la compañía privada SpaceX son testimonia receinte de este cambio de paradigma.

La nueva carrera espacial: el futuro es más emocionante que nunca

Carrera espacial

Esta nueva forma de investigación con patrocinio privado en misiones de alto riesgo y gran recomensa es justo el empuje que necesita la ciencia, en especial la astrofísica, en estos momentos. Si lo pensamos bien, hace poco más de cien años creíamos saberlo todo y no eramos capaces ni de volar; hoy cualquiera puede viajar en avión e incluso hay viajes turísticos al espacio para aquellos que se lo pueden permitir. Hoy utilizar un láser para mandar una sonda a otra estrella suena a locura, a pesar de que la tecnología ya ha sido probada con éxito. Si uno se para a pensarlo y mira a lo que hemos alcanzado con muchos menos recursos, deja de parece tan descabellado.

Personalmente son estas ideas que desafían las conceptiones que tenemos sobre nuestra propia capacidad las que más me emocionan, porque hay gente muy inteligente y gente con mucho dinero de sobra en este mundo. Al fin y al cabo, el efecto de misiones de este tipo no es muy diferente al que produce un “¡A que no hay huevos!”, y todos sabemos que después de esa frase, imposible deja de tener signficiado. ¿Qué será de nosotros dentro de 100 años? Nadie lo sabe, pero con ideas como estas llegaremos muy lejos, literalmente.

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  • Joshua

    ¡A que no hay huevos!

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