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Quién no haya querido ser astronauta de pequeño no tuvo infancia.

O bueno, puede que sí, pero lo cierto es que ver el espacio en primera persona es el sueño de muchos niños y, también, de bastantes adultos.Por desgracia, aunque poco a poco se va normalizando, hace unas cuantas décadas era un deseo totalmente inalcanzable para una niña, por muy bien preparada que pudiese llegar a estar en un futuro.

Sin embargo, eso no fue un impedimento para Valentina Tereshkova, una mujer que supo muy bien hacerse valer para meter cabeza en el que, hasta el momento, era un mundo totalmente inexplorado por el sexo femenino.

Biografía de Valentina Tereshkova

Valentina Tereshkova

Valentina nació en 1937, en la entonces Unión Soviética. Hija de un tractorista y una trabajadora de la industria textil, la joven no tuvo fácil costearse una carrera, por lo que nada más abandonar la escuela entró a trabajar en una fábrica de neumáticos, puesto que compaginaba con su afición por el paracaidismo.

Quizás a raíz de este amor por las caídas al vacío, comenzó a sentirse muy atraída por todo lo relacionado con los viajes espaciales, por lo que, después de pasar una serie de pruebas, en 1962 pudo acceder al Cuerpo Femenino de Cosmonautas, junto a Tatiana Kuznetsova, Irina Soloviova, Zhanna Yérkina y Valentina Ponomariova.

Valentina Tereshkova, de fabricante de neumáticos a astronauta y política

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Un año después, con veintiséis años de edad, la joven Valentina logró su sueño de viajar al espacio a bordo del Vostok 6. Sin embargo, el diseñador supervisor de la misión, Serguéi Koroliovno quedó contento con su comportamiento, por lo que se le negó tomar los mandos y tampoco se le permitió repetir la hazaña.

Por otro lado, ninguna de las otras cosmonautas fue enviada al espacio y, de hecho, ninguna otra mujer lo hizo hasta diecinueve años después. 

Ante su supuesto fracaso, Tereshkova no se rindió y entró a estudiar en la Academia de la Fuerza Aérea de Zhukovski, donde se graduó como ingeniera espacial en 1969; doctorándose ocho años después, en 1977.

Paralelamente se interesó por la política, llegando a formar parte del Comité Central de Partido Comunista desde 1969 hasta 1991.

Además, ha sido siempre una fiel defensora de los derechos de la mujer, labor por la cual recibió el premio Simba en 1982.

Y la verdad es que todo esto no es para menos. Gracias a ella y otras muchas el mundo poco a poco se ha dado cuenta que no hay nada que una mujer no pueda hacer. Lo importante para conseguir nuestros objetivos es trabajar en ello, nuestro sexo es lo de menos.

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