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El olor a lejía es una de esas sensaciones agridulces que nos encontramos en la vida, pues resulta enormemente desagradable, pero nos garantiza que la zona está limpia y desinfectada.

Eso es así, la lejía es un desinfectante estupendo, siempre se ha sabido, pero lo que hasta hace no demasiados años fue un misterio es el mecanismo por el que el hipoclorito sódico (su nombre químico) tiene la capacidad de matar la mayoría de las bacterias con las que se encuentra.

Como ocurre con muchos de los grandes descubrimientos de la historia de la ciencia, el hallazgo tuvo lugar por casualidad, pero fue muy emocionante para sus responsables, pues consiguió dar respuesta a una de esas preguntas que están ahí de siempre, pero que nadie sabe responder, como la causa por la que Espinete iba desnudo de día y se ponía pijama para dormir.

Las causas de la desinfección de la lejía

hsp33

El hallazgo, publicado en Cell, llegó en 2008 de la mano de un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan, que se encontraban estudiando el papel de la chaperona Hsp33, una proteína bacteriana implicada en la protección celular de situaciones estresantes, como el calor, a través del pliegue de las proteínas.

Se conoce que el calor es una situación estresante para las bacterias, que puede incluso llegar a matarlas, por lo que es un método usado muy frecuentemente para esterilizar materiales que hayan podido estar en contacto con estos microorganismos.

Esto se debe a que, cuando las células bacterianas son expuestas al calor, sus proteínas pierden su estructura tridimensional, formando aglomerados irreversibles y muriendo pasado un tiempo.

Hasta ahí todo bien, pero lo más curioso del estudio fue que, por casualidad, estos investigadores descubrieron que, al contrario de lo que esperaban, la lejía producía exactamente el mismo efecto sobre las células bacterianas que el calor y que, además, muchas de las proteínas afectadas eran esenciales para el correcto desarrollo de las bacterias, por lo que éstas terminaban muriendo, causando la desinfección de la zona.

Esto en realidad tiene mucho sentido, pues nuestro propio sistema inmune ante nuevas infecciones produce pequeñas cantidades de hipoclorito, que no sólo luchan contra los agentes infecciosos, sino que también daña los tejidos circundantes, contribuyendo a los síntomas característicos de la inflamación.

Por eso, parece ser que sin saberlo nosotros estábamos usando como desinfectante el mismo método que utiliza nuestro propio organismo. ¿Quién nos lo iba a decir todas esas veces que hemos desteñido accidentalmente nuestra ropa por culpa de la lejía?

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