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La historia del códice de Grolier parece sacada de la más pintoresca película de aventuras.

Aunque fue “presentado en sociedad” en 1971 en un club de amantes de los libros de Nuevo York, de la mano del arqueólogo Michael Coe, la primera persona que se conoce que lo adquirió fue Josué Sáez, un coleccionista mejicano que en 1966 fue abordado por dos misteriosos hombres que le propusieron venderle este importante códice bajo la condición de no hablar nunca de él ni enseñárselo a nadie.

La verdad es que la invitación sonaba a timo desde lejos, pero Sáez decidió arriesgarse y acompañó a los dos vendedores, que de camino al lugar dónde guardaban los tesoros taparon con un pañuelo la brújula de la avioneta que los llevó hasta allí. El misterioso viaje valió la pena para el coleccionista, pues una vez allí se le entregaron varios artículos mayas entre los que se encontraba este códice, que más tarde fue calificado como falso, dando con el gozo de los amantes de la historia en un pozo. Sin embargo, una nueva evaluación del documento ha demostrado que las primeras teorías pudieron ser demasiado apresuradas; pues, con las técnicas de las que se dispone hoy, el veredicto es mucho más emocionante.

¿Por qué en un principio el códice de Grolier se calificó como falso?

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Junto a los de Dresde, Madrid y París, el códice Grolier es el cuarto de estos documentos mayas rescatados por los arqueólogos.

Aunque se cree que un un principio pudo contener veinte páginas, hoy en día conserva diez, en las cuáles aparecen una serie de ilustraciones sobre rituales mayas y un calendario basado en los movimientos del planeta Venus.

Hasta aquí todo parece correcto, pero lo cierto es que en el momento que cayó en manos de los especialistas este libro comenzó a darles mala espina, con motivo de varios hechos que lo hacían muy diferente a los otros tres códices. Por ejemplo, mientras que los de Dresde, Madrid y París tenían letras y dibujos a ambos lados de sus páginas, el de Grolier sólo tenía escrito uno de sus lados. Además, los dibujos no parecen corresponderse con el arte maya y las páginas tenían algunos cortes realizados en una época mucho menos lejana, por lo que, a pesar de que la datación por carbono ubicaba algunas de sus páginas en el tiempo de los mayas, no se podía descartar que todo ello formara parte de una perfecta falsificación, cuyos autores hubiesen tomado fragmentos de otros documentos antiguos para hacer que pareciera real.

El nuevo estudio que ha demostrado la veracidad del códice de Grolier

astronomo maya

A pesar de que todo parecía estar más que claro, en la actualidad un nuevo equipo de investigadores , a los que se unió el propio Michael Coe, han decidido volver a estudiar el códice con ayuda de los nuevos conocimientos de los que se dispone en el campo de la arqueología.

Sus resultados han sido publicados en Maya Archaeology, y en ellos se ponen de manifiesto una serie de nuevas señales que llevan a pensar en la autenticidad del documento, como los cortes con herramientas claramente no modernas, la veracidad del resto de artículos con los que se vendió o el uso de técnicas de elaboración de bocetos similares a los vistos en los murales Mayas.

Además, el documento incluye ilustraciones de dioses que no habían sido descubiertos por los investigadores hasta 1964, e incluso se utiliza un pigmento típico de las pinturas de esta civilización que no pudo volverse a sintetizar en un laboratorio hasta los años 80.

Por lo tanto, aunque está claro que no se puede asegurar tajantemente, parece ser que la teoría de la autenticidad del códice de Grolier empieza a desbancar a la de la falsificación. O eso, o estaríamos ante el mejor falsificador de todos los tiempos. Cualquiera de las dos opciones es súper emocionante, ¿no creéis?

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