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A veces, cometemos el error de pensar que el maltrato es un asunto meramente físico.

No, su marido no puede maltratarla, jamás le he visto levantarle la mano a nadie“. Ésa es una frase muy típica y muy peligrosa, pues a menudo detrás de ellas se escudan aquellas personas que, aun siendo incapaces de hacer daño físico a nadie, hacen la vida imposible a sus parejas o a otras personas de su entorno más cercano a través de la tortura psicológica.

Un claro ejemplo es el del gaslighting, una técnica muy común, consistente en hacer creer a la otra persona que no se encuentra en sus cabales, con el fin de manipularla a su antojo, haciéndola creer que todo lo malo que le pasa es fruto de su imaginación. Se trata de un asunto muy preocupante, al que debemos estar pendientes, pues es muchísimo más frecuente que el maltrato físico y las consecuencias, en ocasiones, pueden ser igualmente preocupantes.

El gaslighting, una tortura de película

gas-light

Este tipo de tortura psicológica se basa en el argumento de Gas Light, una obra de teatro de 1938, con adaptaciones posteriores al cine, cuya protagonista comienza a percibir que en la casa a la que se muda con su marido pasan cosas raras, como ruidos inexplicables o luces titilantes. Cuando lo habla con su esposo, que realmente era el responsable del misterio, él le hace creer que está loca y que todo lo que ocurre es fruto de su imaginación, consiguiendo así que cuando él se comporte indebidamente con ella, la mujer piense que el desplante ha podido ser también una alucinación suya.

No es necesario llegar al punto de esta película, pues basta simplemente con hacer, poco a poco y a través de pequeñas acciones, que la otra persona se sienta desequilibrada y culpable de todo lo malo que le pase.

De hecho, de un modo u otro, e independientemente de nuestro sexo, todos hemos tenido una pareja que nos ha hecho sentir así, incluso puede que la persona en cuestión no fuese consciente de que lo hacía, pero el caso es que poco a poco se va mermando la salud mental del torturado, ocasionándole daños psicológicos graves que podrían tener un desenlace terrible si no se le pone remedio a tiempo.

Lamentablemente, algunas personas no conciben el Gaslighting como algo peligroso, incluso hay quién lo considera una técnica beneficiosa para conseguir sus objetivos, como se expone en “How to drive your Enemies Crazy“, un libro de 1994, en el que su autor explica una serie de técnicas supuestamente legales que pueden servir para molestar a las personas con las que no nos llevamos bien.

Pero no, esta técnica no es para nada un juego, por lo que debemos estar ojo avizor, en busca de señales que nos alerten de que nosotros, o cualquiera de nuestros seres queridos, estamos sufriendo esta tortura. Maltratar a cualquier personas es un acto deplorable, especialmente si ésta goza de nuestra confianza, y los moratones se ven, pero el dolor psicológico a menudo se esconde a nuestra percepción, por lo que es necesario estar muy atentos para que, con nuestra ayuda, este tipo de actos dejen de suceder algún día.

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