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Encontrar los restos de un naufragio debe ser un hecho emocionante para cualquier expedición de buceo, especialmente si se trata de una embarcación de gran antigüedad.

Por ese motivo, es fácil imaginar el escalofrío que debió recorrer las espaldas del grupo de pescadores de esponjas que encontraron allá por el año 1.900 el famoso naufragio de Anticitera, que contienen los restos de un barco romano de más de dos mil años de antigüedad.

Y si sólo el hecho de hallarlo debió ser increíble, mucho más tuvo que serlo después de comprobar el equipaje que contenía, pues durante las diversas expediciones que se han realizado en torno a él se han encontrado un gran número de objetos interesantes, como una curiosa computadora analógica, utilizada para predecir algunas posiciones astronómicas y eclipses. Pero eso no es todo, pues un nuevo hallazgo, realizado durante una última incursión a la embarcación,tampoco es moco de pavo; ya que se trata de un esqueleto humano en el que, a pesar de las inclemencias del fondo del oceáno, se cree que se ha podido conservar parte de su ADN, contándonos un poco más sobre los pasajeros del famoso naufragio.

El famoso naufragio de Anticitera

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En el año 1.900 un grupo de pescadores de esponjas, encabezado por Elías Stadiatis, se encontraba faenando cerca de las costas de la isla griega de Anticitera cuando algo en el fondo del mar llamó su atención.

Según las declaraciones de Elías, a una profundidad de algo más de cincuenta metros comenzaron a tomar forma un gran número de figuras, que en un momento le parecieron montones de cadáveres y caballos. Asombrado, pensó que se trataba de una visión, fruto del exceso de dióxido de carbono, por lo que decidió volver enseguida a la superficie.

Sin embargo, todo aquéllo no estaba en su cabeza; pues, como pudo comprobar después una nueva expedición, esta vez dirigida por científicos, se trataba del naufragio de un barco romano cargado con tesoros griegos, entre los que destacaba un curioso artilugio, que resultó ser una especie de computadora analógica, utilizada para predecir movimientos astronómicos.

Esto atrajo la atención de un sinfín de aventureros, científicos y curiosos, que a pesar de la dificultad entrañada por su acceso, no pararon de iniciar sus propias expediciones hacia el naufragio, que ya se había convertido en una verdadera leyenda.

Destacó por ejemplo el viaje del famoso Jacques Cousteau, pero ni siquiera él logró percatarse de algo que confirmó después el arqueólogo marino Brendan P. Foley, que afirmó que posiblemente los restos del naufragio no pertenecían a un sólo barco, sino a dos.

Los hallazgos más importantes del naufragio de Anticitera

Como os decía, el cargamento del navío (o los navíos) de Anticitera se basaba en tesoros griegos, entre los que lógicamente había todo tipo de monedas, joyas y otros objetos de valor. Sin embargo, cabe destacar algunos hallazgos concretos, como los que vamos a ver a continuación.

El mecanismo de Anticitera

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El mecanismo de Anticitera es un cruioso artilugio, cuya función tardó más de sesenta años en desentrañarse después de su hallazgo.

Básicamente, se trata de una computadora, que no sólo servía para calcular la aparición de algunos fenómenos astronómicos, sino que también se empleaba para fechar ciertos certámenes griegos antiguos, como los Juegos de Olimpia, los Píticos y los de la isla de Rodas.

Supuestamente construido por científicos griegos, en un principio el objeto se dató en algún momento entre el 150 y el 100 antes de Cristo, pero investigaciones más recientes lo han situado en un momento más antiguo, allá por el 200 a.C.

Independientemente de lo misterioso del lugar en el que se encontró, este artilugio resulta también de gran interés por su complejidad, pues no se conoce de ningún mecanismo similar hasta la llegada de los relojes astronómicos, desarrollados en Europa, en el siglo XIV.

A día de hoy son muchas las cábalas sobre el motivo que llevó una máquina tan peculiar a embarcarse en este viaje, aunque se cree que pudo formar parte de un botín enviado a Roma para la celebración del triunfo de Julio César.

Sea como sea, si queréis idear vuestras propias teorías, podéis dejar volar vuestra imaginación mientras lo observáis en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, en el que se encuentran expuestas todos los componentes que sobrevivieron al hundimiento.

El efebo de Anticitera

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El efebo de Anticitera es una estatua de bronce de casi dos metros de altura, que fue rescatado en muchos fragmentos entre los restos del naufragio, pasando a convertirse en la primera de una serie de figuras de corte similar, halladas a lo largo del siglo XX en el fondo del Egeo y el Mediterráneo.

En un principio sostenía en su mano un objeto esférico, por lo que se postula que puede representar a Heracles con la manzana de las Hespérides o a Perseo con la cabeza de la gorgona Medusa, a la que acababa de matar.

Si queréis ver una reconstrucción del efebo, también la podréis encontrar en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, del mismo modo que el mecanismo anterior.

Un esqueleto humano

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Todos estos hallazgos supusieron grandes hitos en la investigación del misterioso naufragio de Anticitera, pero el último no se queda atrás, ya que recientemente han encontrado un esqueleto humano con la gran particularidad de que podría conservar ADN intacto.

De por sí, encontrar este tipo de restos es complicado, debido a la erosión y las corrientes marinas, pero lo cierto es que no han sido los primeros en hallarse. Sin embargo, en los casos anteriores, entre los que se encuentran unos huesos encontrados por el mismísimo Jacques Cousteau, los procedimientos empleados para su conservación hicieron imposible rescatar su material genético; algo que sí esperan poder llevar a cabo con estos nuevos restos algunos científicos del Museo de Historia Natural de Dinamarca. De momento, mientras esperan el permiso de las autoridades griegas, siguen estudiando los huesos, que parecer pertenecer a un joven de unos veintitantos años, que podría aportar nuevos datos en la investigación del genoma de los antiguos habitantes del Mediterráneo.

Y todo eso se encuentra escondido entre los restos de un barco, a cincuenta y cinco metros bajo el mar. ¿Qué otros barcos misteriosos quedarán a la espera de ser encontrados para regalarnos nuevos datos históricos como éstos?

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