Omicrono, la tecnología de El Español

Hace unos meses, al contaros el caso de Susan Finley, os hablamos de las “mujeres ordenador“, que en el pasado eran contratadas por la NASA para realizar los cálculos que hoy en día hacen las computadoras.

Su inestimable trabajo está detrás de muchísimos de los grandes hitos de la agencia espacial americana, aunque los nombres de casi todas ellas hayan pasado al olvido con los años.

Por eso, hoy hemos decidido dedicar nuestra sección de mujeres científicas a Katherine Johnson, una matemática que a pesar de las trabas impuestas por ser mujer y afroamericana consiguió llegar muy lejos en su carrera, a la vez que ayudaba al hombre a llegar más lejos de lo que lo había hecho jamás.

Katherine Johnson, la niña que soñaba con ser matemática

katherine johnson nina

Katherine nació en 1918, hija de una maestra y de un pluriempleado leñador, agricultor y trabajador de mantenimiento en un hotel.

A pesar de que en el condado en que vivía se le negaba la escolarización de los niños negros a partir del octavo grado, tanto ella como sus hermanos pudieron seguir estudiando, debido al esfuerzo de sus padres, que durante el curso se mudaban a una comunidad cercana, en la que sí les estaba permitido.

Y así fue como la pequeña comenzó a despuntar en matemáticas, atrayendo la atención de muchos profesores, que le ayudaron a exprimir un potencial que la llevó a graduarse en la escuela secundaria con sólo 14 años, inscribiéndose en la Universidad de Virginia un años después.

Finalmente, a la tempranísima edad de 18 años se graduó summa cum laude en matemáticas y francés, demostrando ser un joven que llegaría muy lejos.

Cuando Katherine Johnson viajó a la Luna sin moverse de su silla

nasa

Siendo mujer y afroamericana, el único trabajo con el que Katherine podría contar después de la carrera era el de profesora, pero ella no quería eso, por lo que decidió seguir buscando.

Pronto supo que la NASA (entonces llamada NACA) ofrecía puestos de empleo y que, curiosamente, estaban muy interesados en la contratación de mujeres.

Ella no se lo pensó y acudió a la llamada, uniéndose de inmediato a un equipo de mujeres calculadora, que realizaban complicados cálculos destinados al correcto funcionamiento de las misiones espaciales que allí se planeaban.

De las más de mil mujeres que ocuparon este puesto, sólo ochenta eran afroamericanas; por lo que durante los primeros años tuvo que usar baños y comedores separados, destinados a empleados de color, hasta que en los años 60 terminó el proceso de segregación racial.

Sea como sea, la NASA no quiso perderla en ningún momento, pues sabía que su trabajo era esencial para ellos. Tanto fue así que comenzó a despuntar al lado de sus compañeras, colándose poco a poco en las reuniones de la agencia, cuyos miembros la dejaban pasar, sabedores de la importancia de sus conocimiento. Gracias a ello, en 1962 pasó de ser una simple calculadora humana a formar parte de los científicos que trazaban el plan que llevaría al hombre a la Luna.

Y lo consiguieron, pues en 1969, y a pesar de que la agencia ya había incorporado ordenadores para la realización de cálculos, Katherine estuvo detrás de aquel pequeño paso para el hombre, que resultó tan grande para la humanidad.

Su trabajo continuó hasta 1986, cuando se jubiló, convirtiéndose en una leyenda viviente de los viajes espaciales. Aún así, todos recuerdan el nombre de Neil Armstrong, que con su traje de astronauta y su coraje se convirtió en el primer hombre que pisó la Luna, pero pocos conocen el de Katherine Johnson, que con un lápiz, un papel y una calculadora lo ayudó a llegar hasta allí. Por eso le hacemos este homenaje hoy.

  • Adrián

    Es contradictorio destacar el papel de las mujeres en una época en la que estaban totalmente marginadas y al mismo tiempo soltar frases como “ayudó al hombre a llegar más lejos de lo que lo había hecho jamás”. Que en pleno 2016 se siga usando la palabra “hombre” para referirse a hombres y mujeres es muy rancio

    • Bateras

      Rancio es que de todo lo aportable, aportes humo. El evento siempre ha sido “La llegada del Hombre a la Luna”; Hombre no como humano masculino sino como la humanidad. [Por ponerme en tu plan, LA Humanidad, es femenino… que rancio es el lenguaje…]
      Así que céntrate en la importancia de esta señora para las metas de la especie a la que pertenecemos y no en soplapolleces.

      • Adrián

        Por esa regla de tres tu comentario no aporta nada al ser una simple crítica del mío.

        Y a lo que me refiero no es al género de la palabra ni mucho menos, el género masculino en una palabra sirve para generalizar, si no a la palabra en sí. Por eso digo que se puede decir “el ser humano” perfectamente (ejemplo de palabra de género masculino que generaliza) antes que la palabra “hombre”, que es mucho más restrictiva. El lenguaje es muy importante a la hora de sugestionar un determinado pensamiento, por algo los políticos miden al milímetro todas y cada una sus palabras. Ya va siendo hora de cambiar ciertas expresiones que sólo sirven para excluír

    • IDemsoul

      si creo que tienes razon debería decir Ayudó a la humanidad a llegar a la luna, aunque históricamente la noticia en ese momento se publicó como precisamente Hombre

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