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Hoy, en la sección de mujeres científicas, vamos a hablar de Lillian Moller.

Quizás su nombre os suene, pues la película Doce en Casa y la novela en la que se basa están inspiradas en la historia de su familia, pero si realmente debe ser recordada por algo no es sólo por haber sacado adelante a doce hijos sin enloquecer en el intento, sino también por haber contribuido enormemente a la ciencia y la industria, empleándose en disciplinas tan diferentes como la ingeniería industrial y la psicología.

Además, fue una de las primeras mujeres en obtener un doctorado en ingeniería, y la primera en desarrollar una faceta conocida como psicología industrial u organizacional, por lo que sin duda merece un hueco en esta sección semanal, para que todos conozcáis un poco más su historia.

Lillian Moller, una mujer de letras que hizo mucho por la ciencia

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Lillian Moller nació en Oakland, California, en mayo de 1878. Curiosamente, aunque la estemos recordando en una sección de mujeres científicas, la primera carrera en la que se licenció fue la de Letras, obteniendo después un máster en Literatura Inglesa y un doctorado en psicología.

Sus últimos años como estudiante los compaginó con su familia, pues en 1904 se casó con el ingeniero Frank Glibreth, con el que en años posteriores llegó a tener hasta doce hijos.

El trabajo de su marido también le resultaba apasionante, por lo que poco a poco comenzó a colaborar con él, integrando las áreas de la psicología y la gestión industrial, con el fin de hacer el trabajo más eficiente y aumentar la productividad.

La labor de Lillian Moller por la ciencia

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Lamentablemente, en 1924 el marido de Lillian murió, dejándola sola al frente de la familia, la casa y todos sus negocios.

Pero ella no se achantó ni siquiera cuando muchas de las empresas para las que trabajaban optó por despedirla, así que decidió seguir aprendiendo y enseñando lo que sabía, llegando incluso a impartir varios cursos sobre ingeniería industrial y escribir también algunos libros sobre el tema.

Además de aplicar la ingeniería al movimiento y la organización de las labores humanos, también colaboró con el gobierno de presidentes americanos como Roosevelt, Eisenhower, Kennedy y Johnson, trabajando en las áreas de defensa civil y llevando a cabo obras como la elaboración de material bélico o la rehabilitación de centros para discapacitados.

Pero eso no es todo, pues a ella le debemos algunos inventos muy cotidianos, como el pedal para el cubo de la basura o los estantes de la nevera, ambos objetos que por lo habitual de su uso pueden parecernos una tontería, pero que causaron tal revolución que incluso le valieron convertirse en la primera mujer miembro de la sociedad industrial de ingenieros.

Murió en 1972, dejando tras de sí un legado enorme, tanto familiar como laboral. Y por eso hoy hemos decidido dedicar este pequeño espacio a recordarla.

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