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Después de un verano particularmente seco y largo, parece ser que por fin la lluvia hace acto de presencia por gran parte de España.

En algunas regiones sólo se han podido ver chubascos aislados, mientras que en otras han sido grandes y majestuosas tormentas las que han hecho estremecerse el cielo y la tierra durante horas.

Aunque hay gente que las adora, muchas personas odian este tipo de fenómeno meteorológico, normalmente por temor al ruido de los truenos o al fuego amenazador de los rayos. Sin embargo, éste no es el único peligro que entrañan; pues, si bien es cierto que es muy poco habitual, las tormentas a veces pueden ir acompañadas de un evento conocido como asma de tormenta, una rara patología que puede llegar a ser mortal, como han podido ver recientemente en Australia, dónde han fallecido dos personas por este motivo.

¿A qué se debe el asma de tormenta?

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El asma de tormenta es una patología surgida de la liberación de una serie de partículas que se encuentran alojadas en el interior de los granos de polen de césped.

Cuando aumenta mucho la humedad a causa de la lluvia, los granos se hinchan hasta reventar, liberando estas partículas, cuyo tamaño es tan pequeño que les permite introducirse y alojarse en las vías respiratorias inferiores, causando crisis de asma más o menos severas.

Todo esto, además, se ve reforzado por el viento que suele acompañar a las tormentas, que se encarga de esparcir esta minúscula arma por extensiones enormes de terreno, haciendo que la enfermedad corra como la pólvora y afecte a muchísimas personas al mismo tiempo.

Las consecuencias del asma de tormenta en Australia

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Y eso precisamente es lo que ocurrió el pasado lunes en Melbourne, Australia, dónde los servicios de urgencias se colapsaron con la llegada de miles de personas aquejadas de problemas respiratorios tan graves que llegaron a causar la muerte de dos jóvenes de 18 y 20 años.

Como resultado, los científicos se muestran consternados por los efectos de esta patología, también conocida como fiebre del heno, pues a estos niveles es algo tan poco frecuente que no da tiempo a su investigación, generando efectos terribles cuando ocurre.

Sea como sea, repetimos que se trata de un fenómenos curioso y peligroso a partes iguales, pero también muy poco frecuente, por lo que no hay por qué sumar este motivo para seguir temiendo a las tormentas. Al fin y al cabo, siempre que no se desmadren son un fenómenos precioso. Y la lluvia que descargan, estando como estamos, no viene nada mal.

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