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La gripe es un arma de doble y filo; pues, si bien es cierto que en la mayoría de casos sólo supone unos cuantos días en cama, en otras ocasiones puede llegar a ser mortal.

Son muchos los factores que influyen en esto último, siendo los más relevantes la edad del paciente y la fortaleza de sus sistema inmune, aunque también juega un papel muy importante la cepa del virus por la que se vea afectado.

Y es que, a pesar de ser el mismo virus, cada cepa es un mundo, siendo un ejemplo claro la epidemia de gripe española que entre los años 1.918 y 1.919 mató a decenas de millones de personas, entre las que abundaban los adultos jóvenes y de mediana edad. Esto es algo anómalo, ya que por lo general esta enfermedad afecta mayoritariamente a niños y ancianos, por lo que queda claro que hay algún otro factor que se escapa al conocimiento de la población. O, mejor dicho, se escapaba; pues, según un estudio publicado recientemente en Science, la clave está en algo tan simple como el año en el que nacimos. Y no, no tiene nada que ver con el horóscopo chino.

Una nueva causa para la vulnerabilidad contra la gripe

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Todos sabemos que si una persona enferma de un virus concreto y sobrevive a la infección, quedará protegida de cara al futuro, debido a que su sistema inmune guardará un arsenal de defensas específicas para el momento en que ose volver a entrar al organismo. De hecho, es precisamente en este fundamento en el que se basan las vacunas que tantas enfermedades han erradicado a lo largo del mundo.

Sin embargo, el caso de la gripe es algo más complicado, pues el virus tiene la capacidad de mutar continuamente, de modo que cada temporada surge una variedad totalmente distinta, haciendo que las vacunas tengan que ser específicas cada año.

el virus tiene la capacidad de mutar continuamente

Aún así, según los investigadores de la UCLA responsables del estudio al que hoy nos referimos, existen cepas que, a pesar de ser diferentes, tienen ciertos parecidos entre sí, de modo que la exposición a una de ellas puede proporcionar protección frente al resto.

Y, ojo, que cuando hablamos de “exposición” nos referimos precisamente a eso, a estar en contacto con el virus, sin tener que haber enfermado necesariamente. De hecho, se toma como ejemplo el caso de algunas personas que resultan ser resistentes a virus animales que en ningún momento han cruzado a los humanos, demostrando que no ha sido necesaria una infección previa para que esto ocurra.

¿Cómo influye nuestro año de nacimiento en la vulnerabilidad contra la gripe?

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Basándose en esta premisa, estos investigadores recopilaron datos sobre los brotes de diferentes cepas del virus, agrupándolos según su parecido, y llegaron a la conclusión de que el año en que nacían los pacientes les hacía más o menos vulnerables a ciertos grupos, según los virus a los que se hubiesen expuesto durante la infancia.

Así, el año más relevante es 1.968, pues supone un punto de inflexión entre las personas con menos vulnerabilidad a la gripe de cepa H7N9, que nacieron antes de ese año, y las protegidas frente a H5N1, que nacieron después. Esto no quiere decir que sean totalmente inmunes a dichos virus, pero sí que sus síntomas serán probablemente más leves.

Este hallazgo resulta muy relevante, tanto de cara al pasado como al futuro. De cara al pasado porque por fin de una explicación al caso de la pandemia de gripe española, demostrando que las personas de mayor edad sobrevivieron porque, posiblemente, habían estado en contacto con una cepa similar. Y de cara al futuro porque da nuevas pistas para la búsqueda de una vacuna universal contra la gripe.

Sea como sea, mientras tanto, no olvidéis vacunaros si pertenecéis a los grupos de riesgo. La ciencia hace lo que puede, pero nosotros también tenemos que poner de nuestra parte.

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