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Comer más comida basura podría no estar solo relacionado con el hambre o el bajo precio de dicha comida, sino con factores subconscientes.

Hasta ahora se sabía que aquellas personas con un bajo nivel socioeconómico son precisamente las más afectadas por la pandemia de obesidad, así como otros problemas como la diabetes o exceso de azúcar en sangre, bajo nivel de salud, estrés y otros problemas similares. Pero podría haber algo más, psicológicamente hablando.

Al menos eso sugiere un reciente estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences,  del cual se desprende que comer más comida basura podría estar muy ligado al subconsciente, concretamente al hecho de considerarse a sí mismo “pobre” o de clase baja.

La relación subconsciente entre sentirse pobre y comer más comida basura

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En el estudio, llevado a cabo por la Universidad Tecnológica de Nanyang (Singapur), los voluntarios que se consideraban “de clase baja” parecían ser más propensos a preferir, elegir y comer grandes cantidades de alimentos con elevado contenido calórico; en otras palabras, eran más proclives a comer más comida basura si se sentían “pobres”.

Para los autores, estos resultados implicarían que existe un vestigio evolutivo en forma de fallo mental en los humanos, una especie de método subconsciente destinado a aumentar nuestra supervivencia ante la falta de recursos sociales y económicos. Esto podría significar que nuestros métodos de dieta y ejercicio no serían suficientes para acabar con la pandemia de obesidad actual, y eso es un problema.

Cómo se ha demostrado el “fallo mental” que nos hace comer más comida basura

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Para llegar a tal conclusión, los investigadores reclutaron a 500 voluntarios sanos para cuatro experimentos.

En el primer experimento, 101 participantes completaron una tarea donde había una escalera con diez peldaños, y debían seleccionar en que peldaño se sentían cada uno de ellos en cuanto a estatus de riqueza o nivel educativo se veían. Posteriormente, se les dio a elegir comida de un hipotético bufet libre. Teniendo en cuenta el patrón elegido anteriormente, el hambre y el género de cada uno, resultaba que aquellos que calificaban su estatus social como “clase baja” eran más proclives a comer más comida basura.

En el segundo experimento, 167 participantes también se clasificaron a nivel socioeconómico, y a continuación se les mostraron alimentos con elevado contenido calórico (pizza, hamburguesas) y otros bajos en calorías (verduras, frutas) y se les pidió que identificasen aquellos que consideraban más sabrosos o agradables. De nuevo, los que se consideraban más bajos en la escala socioeconómica, preferían los alimentos más calóricos.

Finalmente, en los dos últimos experimentos, tras la autoclasificación socioeconómica de los participantes, se llevaron a cabo experimentos alimenticios reales. Por un lado, 83 participantes vieron un documental mientras comían tres aperitivos a elegir (patatas fritas, dulces M & M o pasas); de nuevo, los participantes que se sentían de “clase baja” se inclinaron más por las patatas fritas y el chocolate.

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Por otro lado, otros 148 participantes tenían un gran plato de fideos y se les dijo que comieran “hasta que se sintieran llenos”. Una vez más, aquellos que se definieron a sí mismos como “clase baja” tendían a comer hasta un 20% más de calorías que sus homólogos de “clase alta”. Esto nos indicaría que el problema de la obesidad no solo tiene factores genéticos y psicológicos, sino también subconscientes y probablemente ligados a la supervivencia, algo muy complicado de corregir.

Imagen de portada | Edwheeler

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