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Conducir cansado es una de las causas más frecuentes que pueden llevar a alguien, por muy hábil que sea al volante, a sufrir un accidente de tráfico.

Cuando no hemos descansado correctamente o, directamente, no hemos dormido, nos resulta muy complicado centrar nuestra atención en tareas monótonas y hay que reconocer que conducir, salvo que estemos haciéndolo en un circuito de fórmula 1, puede llegar a ser bastante monótono.

Por eso, finalmente acabamos distrayéndonos durante un tiempo, más o menos largo, que puede ser fatal en la carretera. ¿Pero por qué? ¿Qué le ocurre a nuestro cerebro mientras tanto? Las respuesta la ha dado recientemente un equipo de investigadores de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Australia, y si bien es cierto que no es algo muy diferente a todo lo que nos imaginábamos por intuición, sí que conlleva una razón más para dormir antes y hacer paradas de descanso y café durante los viajes largos. Y es que lo importante no es llegar pronto, sino llegar.

¿Por qué es tan peligroso conducir cansado?

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Según contaron estos científicos en un seminario de su propia Universidad, cuando estamos cansados y nos encontramos realizando tareas monótonas como la conducción, nuestro cerebro trata de buscar otras formas de mantenerse despierto y alerta; como acelerar, si lo que busca es centrarse en la conducción haciéndola menos automática, o mirar el paisaje, si directamente intenta sólo estar despierto.

Además, por la misma causa solemos aumentar inconscientemente nuestra necesidad de usar el móvil, ya que también es una forma de seguir despiertos.

Lo que nuestro cerebro no sabe es que de este modo puede que no nos durmamos, pero dejaremos de tener todos nuestros sentidos en la conducción, incrementando la posibilidad de sufrir distracciones que pueden ser fatales.

Todo esto se retroalimenta si el viaje es largo, ya que tenemos más tiempo para que el cerebro utilice estas peligrosas técnicas y, para colmo, al conducir muchas horas estaremos más cansados.

Como os decía en la introducción, en el fondo estos científicos no nos han dicho nada que no supiéramos ya, pero sí que es cierto que saber cómo nos traiciona nuestro cerebro en estos casos hace que nuestra consciencia sobre el peligro de conducir cansado sea aún más grande. Así que ya sabéis, hasta que no tengamos coches autómatas o el dinero suficiente para pagar a un chófer que nos lleve a todas partes, tendremos que intentar dejar el sueño para la cama y la atención en la carretera para el volante.

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