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Tu visión periférica, aquello que sueles ver por el rabillo del ojo, probablemente no es tan real como imaginabas.

Las ilusiones ópticas son algo bastante común en nuestro día a día. Nuestro cerebro, en muchas ocasiones, tiende a llenar los huecos de información con pequeñas mentiras con el fin de no dejarnos “en blanco”. Ese es el caso de nuestra visión periférica, pues en este caso nuestro cerebro también rellena espacios en blanco.

Al menos, eso sugiere un reciente estudio publicado en Psychological Science a cargo de investigadores de Países Bajos y Reino Unido, dirigidos por Marte Otten, de la Universidad de Amsterdam. Nuestro cerebro, de nuevo, nos vuelve a engañar haciéndonos creer que poseemos mayor cantidad de información visual de la que realmente tenemos.

El engaño cerebral de la visión periférica

cerebro

Para llegar a esta conclusión, los investigadores realizaron un experimento de visión periférica para demostrar que, en las circunstancias adecuadas, gran parte de la información visual que creemos poseer no es real (y solo está en nuestra mente).

Mostraron a 20 voluntarios una serie de imágenes. A cada uno de ellos se les mostró una imagen central, que después se unía poco a poco a otra imagen separada por su borde. Se pidió a los participantes que hiciesen clic en un botón cuando pensaban que la diferencia entre las dos partes de la imagen eran iguales (es decir, que el cuadrado central coincidía perfectamente con la periferia).

Según los resultados del estudio, los voluntarios informaban en muchas ocasiones de forma incorrecta sobre la uniformidad de la imagen antes de tiempo. Era como si su cerebro intentase compensar la falta de detalle de la segunda imagen para hacerla coincidir con la primera. En otras palabras, el cerebro rellenaba los huecos en blanco de la visión periférica de los voluntarios.

¿Cuándo nos engaña nuestro cerebro sobre nuestra visión periférica?

Durante todo el estudio se alteraron la forma, orientación, luminosidad, contraste y movimientos de las imágenes; pero ninguno de estos factores parecía tener nada que ver con la ilusión óptica a la que nos somete nuestra visión periférica.

Lo que sí producía un cambio era que las imágenes centrales y las periféricas fuesen significativamente diferentes. En tales casos, la ilusión óptica era menos probable, o al menos tardaba más tiempo en aparecer.

Cabe destacar que se trata de un estudio bastante pequeño (20 voluntarios), por lo que sus resultados pueden ponerse fácilmente en entredicho. Aún así, no dejan de ser curiosos, y dan pie a realizar investigaciones futuras al respecto con una mayor cantidad de participantes y puede que también una mayor diversidad de imágenes u efectos ópticos con tal de retar a la visión periférica y a nuestro cerebro.

Podéis comprobar vosotros mismos los efectos de esta ilusión óptica de nuestra visión periférica aquí.

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