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Nuestra mujer científica de hoy es una psicóloga que se valió de la ciencia como arma para demostrar que, digan lo que digan, las supuestas diferencias existentes entre hombres y mujeres sólo son de índole socio educativa.

Se trata de Helen Bradford Thompson Wooley, una filósofa, neuróloga y psicóloga infantil conocida no sólo por sus trabajos científicos, sino también por su papel como sufragista y activista feminista.

Sin duda, a pesar de no tener uno de los nombres más conocidos de la ciencia, su trabajo merece que lo recordemos en esta sección, pues representa exactamente lo que nosotros queremos demostrar con ella: que para llegar a dónde queramos llegar lo más importante es el esfuerzo que pongamos en ello, no los cromosomas sexuales que tengamos.

Helen Bradford Thompson Wooley, los primeros pasos de una gran feminista

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Helen Bradford Thompson Wooley nació en en 1874 en Illinois, como la mediana de tres hermanos.

Desde muy pequeña demostró ser una magnífica estudiante, terminando en la escuela de su localidad como primera de su clase, pero la cosa no quedó ahí, pues también mostró su valía durante sus estudios de filosofía y neurología en la Universidad de Chicago, y después al obtener su doctorado con calificación de summa cum laude.

Y precisamente ahí empezó su carrera como activista feminista, pues la temática de su tesis giró en torno a las diferencias entre hombres y mujeres; que, según sus investigaciones, distan más en el ámbito socio educativo que en el biológico.

De la psicología al feminismo, la carrera de Helen Bradford Thompson Wooley

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La tesis de Helen dio para que en 1903 escribiera dos libros sobre el tema: Mental Traits of Sex y Psychological Norms in Men and Women, donde explicaba las razones por las que las diferencias en las habilidades entre hombres y mujeres son por causas socio educativas.

Sí que encontró ciertas diferencias, como mejores habilidades motoras en hombres y unos sentidos más agudos en las mujeres, pero concluyó que las similitudes eran mucho más relevantes que las diferencias y que de ningún modo se demostraba que ninguno de los dos sexos fuese “mejor” que el otro.

Por otro lado, también destacó su papel como psicóloga y neuroanatomista infantil; especialmente después de que, junto a la también psicóloga Helen Cleveland, desarrollara la escala Merrill Palmer, un conjunto de tests dedicados a establecer el nivel de desarrollo infantil a nivel cognitivo, comunicativo, motor, socio-emocional y de conducta adaptativa.

Lamentablemente, una serie de problemas personales, marcados por su divorcio y algunos problemas de salud, la obligaron a dejar el trabajo mientras se trataba de una serie de afecciones mentales de las que no se pudo recuperar antes de su muerte, que tuvo lugar en 1947, a los 73 años de edad.

Aún así, su trabajo constituyó una gran demostración sobre la igualdad entre sexos que, por desgracia, aún a día de hoy sigue sin haberse asumido completamente por parte de la población. Está claro que necesitamos más mujeres como ella.

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