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El Internet de las Cosas permitirá que decenas de millones de dispositivos estén conectados y se comuniquen, pero para ello hay que adaptar la tecnología

Tenemos la sensación de que vivimos en un mundo súper conectado, y en parte es así, pero la realidad es que el 99% de las cosas físicas que nos rodean no están conectadas. En el camino hacia el Internet of Everything (IoE) juega un papel clave el Internet de las Cosas (IoT) y, para ofrecer conectividad a miles de millones de dispositivos, compañías de telecomunicaciones, operadoras, tecnológicas como Huawei y más partners están desarrollando la infraestructura inteligente y segura que deberá gobernarlo todo.

En el marco del Huawei Connect 2017, la empresa china ha dado más detalles de cómo está trabajando con startups y gobiernos para implantar el Internet de las Cosas en servicios y ciudades, y ahí entra la tecnología NB-IoT.

NB-IoT: qué es y cómo funciona

Se espera que en la década de 2020 haya más de 40.000 millones de cosas inteligentes, capaces de conectarse a Internet para transmitir datos y comunicarse con otros dispositivos. NB-IoT viene de NarrowBand IoT o Internet de las Cosas de Banda Estrecha y es un estándar de tecnología de radio de baja potencia (LPWA) creado para dar cabida a esa ingente cantidad de dispositivos.

Se trata de una tecnología que proporciona una mejor cobertura de red para las comunicaciones entre ‘cosas’, así como grandes cantidades de conexiones simultáneas y, lo más importante, todo con un consumo de energía muy bajo. Aquí no se requiere grandes velocidades de conexión, sino conexiones estables, por ello tiene transferencias de hasta 250 kbit/s y una latencia de entre 1,6 y 10 segundos. A cambio, su cobertura es mayor y, dependiendo del uso, la batería de los chips puede alargarse hasta los 10 años.

Huawei lleva trabajando en el desarrollo de NB-IoT desde 2014 y fue en 2016 cuando el 3GPP la incluyó como estándar. Como se ha comentado en el congreso Connect 2017, Huawei ofrece en estos casos una solución de extremo a extremo (E2E), es decir, que apoya el desarrollo del Internet de las Cosas en todos los pasos intermedios del despliegue de la tecnología NB-IoT: chips, módulos, terminales, dispositivos de red e incluso la plataforma de gestión del servicio, destacando su colaboración con pequeñas empresas y emprendedores para crecer aprovechando el potencial de la computación en la nube.

El caso de OFO: 100 millones de usuarios compartiendo bicicletas

Es probable que no te suene el nombre de ofo, pero sus bicicletas amarillas inundan las ciudades chinas, aunque su expansión sigue adelante en muchos más países. En China, ofo tiene 8 millones de bicicletas compartidas y cada día se realizan 25 millones de trayectos en ellas.

Con esa cantidad de desplazamientos, la compañía se ha asociado con Huawei para implantar un sistema de chips NB-IoT en cada una de las bicicletas. ¿Cuál es el objetivo? Este chip está implantado en el propio mecanismo de bloqueo de las bicicletas, siendo el primero de su tipo y, por tanto, es un servicio de bicis compartidas que no depende de estaciones de aparcamiento, sino que cada una tiene un bloqueo individual, siendo el usuario el que lo desbloquea con su smartphone y la app de OFO.

Estos chips IoT de Huawei permiten recopilar datos muy valiosos para ofo, como estadísticas de uso, ubicaciones y zonas transitadas, al mismo tiempo que ganan cobertura en partes de las ciudades con señal débil de China Telecom y se reduce el tiempo de pago, que ha pasado de 25 segundos a menos de 5. Por supuesto, también ganan en batería, ya que tienen una autonomía de 2 años, ayudando a ahorrar costes y mantenimientos.

Pese a que el éxito de ofo reside en China, la compañía de bicicletas compartidas ya tiene más de 100 millones de usuarios en los 9 países en los que está presente, y desde finales de 2016 comenzó su desembarco en Londres y San Francisco con 20.000 bicis.

IoT para crear ciudades más inteligentes

Este tipo de chips pueden tener multitud de usos, desde crear maletas inteligentes conectadas, hasta ‘dar vida’ a una ciudad entera.

Con más de 9 millones habitantes, la ciudad china Weifang ha sido campo de pruebas para la plataforma Huawei OceanConnect IoT, usando estos chips NB-IoT. Una de sus aplicaciones ha sido crear un sistema de iluminación inteligente para la ciudad.

Los chips y sensores colocados en el alumbrado monitorizan su estado en tiempo real, ajustan el brillo automáticamente dependiendo de las condiciones y detectan fallos. El resultado es un ahorro del 80% en electricidad y hasta un 90% en costes de mantenimiento, así como una masa de datos que da lugar a un posterior análisis para mejorar la gestión de la ciudad.

El gobierno de Arabia Saudí tiene previsto invertir 500 millones de dólares en infraestructura para 285 ciudades hasta el año 2030, con el objetivo de llevar a cabo una transformación digital de los centros urbanos, incluyendo mejores comunicaciones, alumbrado inteligente e instalaciones más eficientes.

Con el avance del Internet de las Cosas, todo a nuestro alrededor estará conectado y esto trae otras consecuencias: un fomento brutal de la innovación fruto de nuevas ideas y negocios que exploten una realidad en la que todo puede comunicarse con todo.

 

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