Omicrono, la tecnología de El Español

Omicrono

No es sorprendente ni es algo nuevo sino que llevamos hablando y escuchando hablar de ello desde hace años, me refiero a las fuentes de energía, al futuro y reemplazo de las mismas, y ya no sólo por el carácter contaminante de muchas de las que dependemos sino porque además muchas de ellas tienen fecha de caducidad cada vez más próxima.

Energías actuales

Si preguntamos por cuales son las fuentes de energía más usadas en la actualidad la mayoría responden que el petróleo y la energía nuclear olvidando el carbón como una fuente de la que a nivel se sigue dependiendo en un grado bastante alto, sobre todo en países que se encuentran ahora en el comienzo de sus revoluciones industriales y donde el control de la contaminación producida es algo que casi ni se plantea avanzando la degradación del medio ambiente al mismo ritmo desbocado al que esos países se intentan incorporar al modelo económico del primer mundo.

El caso más destacado quizás es el de China donde su crecimiento productivo y económico exponencial se ha visto acompañado por una escalada en la contaminación que carece casi por completo de control. A nivel mundial los graves problemas de contaminación salieron a la luz durante la preparación para las Olimpiadas del 2008 pero una vez terminadas nos hemos vuelto a olvidar.

El problema es que salvo la energía nuclear, de más “reciente” aparición, seguimos dependiendo de fuentes empleadas en las revoluciones industriales del “primer mundo” que cuentan a sus espaldas con más de un siglo de antigüedad. Durante ese tiempo poco se ha avanzado y tampoco ha parecido que haya mucho interés en buscar o ayudar a desarrollar formas alternativas.

En el caso de la energía nuclear, casi una recien llegada, los peligros no sólo en su producción sino en el almacenamiento de los residuos, altamente contaminantes y nocivos durante miles de años, ya suponen un obstáculo muy considerable. Si a ello le sumamos desastres como el de Chernobyl y Fukushima nos encontramos con que la opinión en contra de las centrales nucleares tiene ahora más fuerza que nunca. Aún así, los países del primer mundo se debaten entre la necesidad de renovar e incluso aumentar el número de centrales nucleares para no quedar prisioneros de la producción de petróleo como sucedió en la crisis de 1973 o de renunciar a ellas, y son pocos los que, como Alemania para el 2022, se plantean el “apagón nuclear“.

Energías de futuro

El principal problema a la hora de abandonar las fuentes de energía tradicionales es el alto grado de dependencia mundial de las mismas a pesar de que ya se sabe que las reservas de petróleo cada vez están más mermadas por lo que su precio sigue aumentando y para el 2050 se estima que podrían estar muy cerca de agostarse (y eso sin tener muy en cuenta los cálculos de crecimiento y consumo de países como China e India).

La principal fuente de energía alternativa usada hoy en día es el gas natural, con un impacto medioambiental menor y sin embargo volvemos a encontrarnos con el problema de la limitación de las bolsas de gas disponible y de su uso en los países productores como arma política; como ya se demostró en el 2009 con la crisis entre Rusia y Ucrania que acabó por afectar a parte de la Unión Europea.

Necesitamos por lo tanto sustituir esas fuentes por otras, a ser posible no contaminantes e inagotables, lo que se ha dado en llamar “energías renovables” y cuyos principales protagonistas son las energías solar, eólica e hidráulica. De estas tres sólo la primera parece de momento que si sufriera el desarrollo e impulso suficiente podría de verdad hacer frente a la sustitución de alguna de las fuentes antiguas y choca con el problema de que su rendimiento es aún inferior al de otras fuentes, es decir, sale más caro producir la misma cantidad de energía empleando el sol que el carbón por poner un ejemplo. Mientras, la eólica y la hidráulica pueden funcionar como complementos para otras fuentes.

Qué nos espera

Por desgracia, y aunque queramos abandonar las fuentes tradicionales, tenemos que hacer frente a que no estamos preparados ni contamos de momento con un desarrollo suficiente de ninguna fuente alternativa que realmente pueda sustituir a las actuales haciendo frente a la creciente demanda mundial.

Por ello mientras que no decidamos dar un verdadero impulso a las energías renovables nos encontraremos con que la disminución del petróleo como principal fuente impulsará el uso del gas natural, aumentará de nuevo el consumo de carbón y probablemente propicie la creación de más centrales nucleares. Y sin embargo no habremos salido del problema sino que lo habremos empeorado mientras postergamos un avance real.

Se estima que si de verdad impulsáramos las energías renovables para el 2050 podría producirse un suministro de energía acorde con la demanda (siempre que aprendamos a controlar la misma), y por las mismas fechas se predice el agotamiento de las reservas mundiales de petróleo. No quisiera ser alarmista y no nos encontramos en un blog de literatura pero hace poco leía una novela (“La chica mecánica” de Paolo Bacigalupi) que por desgracia refleja bastante bien cuál podría ser el futuro mundial al ritmo en que se desarrollan los hechos, algo que cada vez parece menos ciencia-ficción catastrofista. Y para muestra, piensen en los problemas que en los últimos años se repiten cada vez con mayor frecuencia al no disponer de suministro eléctrico en temporadas puntuales.