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Hoy vamos a ir con un pequeño off topic que me ha inspirado Human Planet. En realidad no se separa tanto de los temas tratados en Omicrono, ya que vamos a hablar de ingeniería, pero de una ingeniería muy curiosa. El tema resulta tan interesante que no podía dejarlo escapar cuando pasó por delante de mi, y no me resisto a compartirlo con vosotros. Hoy vamos a hablar de una forma única de construir puentes, ya que en el estado de Megalaya los puentes no se construyen, se plantan. Vamos a investigar un poco el método que siguen y para qué lo utilizan, porque resulta súmamente interesante.

Nos transportamos a Cherrapunji, un pueblo del estadio indio de Meghalaya, situado al noreste del país asiático. Esta población es conocida por ser el lugar más humedo del planeta, ya que las lluvias monzónicas azotan cada año sus pendientes y llenan cada pequeño surco de agua, haciendo que la vida aquí sea de alto riesgo. Cherrapunji tiene dos récords Guinness que lo demuestran. La máxima cantidad de lluvia durante un año, 22.987 mm entre Agosto de 1860 y Julio de 1861, y la máxima cantidad de lluvia durante un mes, 9.300 mm en Julio de 1861. No sé si estáis muy acostumbrados a este tipo de datos, pero para que os hagáis a la idea, la media de precipitación a lo largo de todo un año para Barcelona es de 640 mm. Incluso la media anual de Cherrapunji es de 11.777 mm, así que imaginad lo que tuvo que llover en 1861, una auténtica locura.

Una peculiaridad es que además esta lluvia se concentra en tan sólo 6 meses, y la mayor parte cae sólo en Junio y Julio, durante la época del monzón. Esto significa que durante esa temporada las inundaciones son una constante y sobrevivir se convierte en un reto.

Para luchar contra esta climatología el pueblo de Cherrapunji desarrolló una técnica centenaria realmente curiosa. Hace muchas generaciones decidieron plantar árbol de caucho (de la familia de la higuera) de modo que, moldeando su crecimiento, formarían puentes en el futuro. Así es, en Cherrapunji plantan los puentes, moldean árboles y crean estructuras vivientes gracias a las cuales pueden habitar una zona tan desfavorable para la vida humana. Los puentes más antiguos de Cherrapunji fueron plantados hace ya 500 años, y cada generación los cuida como su tesoro más preciado. Los conocimientos pasan de generación en generación, y es algo que no se puede perder, ya que forma parte de una de las tradiciones más importantes de nuestro planeta.

Cuando construimos un puente con acero u hormigón sabemos que lo vamos a disfrutar en pocos meses, pero esta técnica implica que tras empezar un puente viviente no se podrán utilizar hasta pasados al menos 15 o 20 años. Cada puente que comienza un habitante de Cherrapunji está pensado para que lo disfruten sus hijos y los hijos de sus hijos, es una técnica ecológica, amigable con el medio ambiente y que les permite vivir allí. Además estos puentes, al revés que los que usamos nosotros que pierden fuerza y envejecen, se hacen más fuertes con el paso del tiempo, ya que las raíces siguen creciendo y refuerzan estas estructuras cada vez más.

Todo esto me recordó mucho a la película de Avatar, un pueblo que vive en armonía con la naturaleza y cuya ingeniería se basa no en destruirla y aprovecharse de ella, sino en entenderla y aprender. El pueblo de Megalaya ha aprendido a convivir con su entorno y no sólo a sobrevivir, sino a vivir en paz en una zona que de otro modo sería inhabitable. Es imprescindible respetar y preservar estos lugares del planeta, que poseen el conocimiento de cientos de años de experiencia y evolución.

Fotografías de Root Bridges