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Vuelvo con otra entrega de síndromes curiosos o peculiares. Aunque, mirándolo bien, este síndrome no es tan curioso, simplemente la gente no lo suele llamar por su nombre (al menos yo no sabía que tenía nombre). Os hablaré del Síndrome de Burnout o de estar quemado (en el sentido psicológico de la palabra).

Este síndrome clínico se describió en 1974 por Freudemberg, un psiquiatra que observó que, después de trabajar durante 1 año, la mayoría de las personas sufría una progresiva pérdida de energía, llegando al agotamiento e incluso la depresión, acompañándose de la correspondiente desmotivación en el trabajo.

Por otra parte, la psicóloga Cristina Maslach estudió las respuestas a nivel emocional de los profesionales, calificando estas reacciones psíquicas y físicas como “sobrecarga emocional” o Síndrome del Burnout o quemado. ¿Cuántas veces lo habremos dicho en momentos como las épocas de exámenes? “Estoy quemado”, la frase principal de esas épocas, ¿verdad?

Como imaginareis, en este síndrome habrá momentos de estrés y situaciones de tensión al interactuar con otras personas, pudiendo llegar a causar incapacidad para trabajar. Los profesionales más afectados por este síndrome son los médicos (que casualidad), seguidos de enfermedades y odontólogos en segundo lugar, y psicólogos y nutricionistas en tercer lugar. Pero todos los demás pueden ser víctimas potenciales gracias a los cambios de horario, el estrés laboral, el exceso de empatía con otras personas, la falta de tiempo, etc…

Como síntomas podemos hablar de agotamiento emocional o insensibilidad ante las demás personas, despersonalización (la persona se vuelve insensible, cinica y negativa), falta de realización personal (baja autoestima) y estrés, cansancio o malestar general. Por descontado, junto a estos síntomas, habrá manifestaciones físicas como el dolor de cabeza, insomnio, dolor estomacal, taquicardia… entre otros, además de manifestaciones de conducta, como conductas adictivas, aumento del consumo de café, alcohol, medicamentos y drogas ilegales; ausentismo laboral, bajo rendimiento laboral; entre otras muchas formas. Por último, entre las manifestaciones mentales encontraremos sentimientos de vacío, agotamiento, fracaso, impotencia, baja autoestima…

No existe un tratamiento específico para el Síndrome de Burnout, actualmente se trata con terapia psicológica y de equilibrio de la conducta. Tampoco existe una prevención específica, pero hay diversos puntos clave de los que podemos hablar: adaptación a la realidad cotidiana (saber tus limites personales y no caer en el fenómeno de “el eterno segundon”, del que os hablaré algún día), formarse en emociones, mantener el equilibrio psicológico en el área familiar, amistades, descanso, trabajo; fomentar una buena atmósfera de trabajo, limitar la agenda a tus posibilidades, buscar apoyo en compañeros de trabajo o de estudios, adecuar la jornada laboral, y buscar siempre el diálogo.

Como veis, es un síndrome más común de lo que parece por su nombre, que en algún momento hemos podido llegar a sufrir muchos (aunque espero que nunca hasta puntos irreversibles). Así que, como solución personal, mi recomendación es adaptar el horario y sobre todo la realidad cotidiana a vuestro trabajo o estudio, sin pasarse en los limites personales y, por supuesto, conociendo los límites temporales (de momento nuestro día tiene 24 horas, y necesitáis dormir un mínimo de 6 como ya os expliqué aquí). Conclusión: la solución para la mayoría de las cosas, es el relax.

Vía: Geosalud / IntraMed.