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Desmayarse no es nada del otro mundo, pero el susto que conlleva ver como alguien pierde el conocimiento o perderlo uno mismo no es algo muy agradable. En medicina, esto se llama sincope, y representa el 1% de las consultas de urgencias. Sus causas son múltiples y variadas, y como veis en el titulo de este post, también pueden ser muy curiosas. Os hablaré de los diferentes tipos que hay en los próximos dos artículos.

Síncope vasovagal: Es el síncope típico, debido a una caída de presión arterial causada por algún estímulo externo, como el dolor, calor o alguna emoción. El factor sorpresa en este síncope es muy importante. El individuo se queda flácido, pálido, con sudoración fría, disminución de la frecuencia cardíaca y pulso débil. Es el más típico en las personas jóvenes y la recuperación es prácticamente inmediata.

Síncope por hipersensibilidad del seno carotideo: El seno carotideo es una zona arterial situada en la parte delantera del cuello, donde se encuentran importantes receptores sanguíneos que informan sobre el estado del flujo sanguíneo (pH, presiones de oxigeno sanguíneo, etc). Si se hace un masaje en esta zona puede provocar un síncope. También se dice que durante la vida cotidiana se puede producir al frotar el cuello al afeitarse o girando la cabeza, pero esto ya es muy discutible.

Síncope miccional: Como ya nos dice el título de este post, es posible que se produzca un síncope al empezar, durante, o inmediatamente después de vaciar la vejiga urinaria. En personas mayores que se levantan de madrugada o en jóvenes después de excesos etílicos.

Síncope por defecación: Este síncope es muy raro y, como su nombre indica, es un desmayo producido en el momento de defecar (si habéis visto Scrubs, esto le pasa a su protagonista JD en uno de los capítulos).

Síncope deglutorio: Provocado por el dolor al tragar (en una “neuralgia del nervio glossofaringio) o al ingerir rápidamente una bebida fría.

Síncope por vértigo agudo: Similar al síncope vasovagal, provocado por una emoción fuerte como es el vértigo.

En el siguiente artículo os contaré otras situaciones curiosas de desmayarse, como al toser o al llorar, por ejemplo.

Vía: Neurología, de J.J. Zarranz.