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Tal día como hoy, el 16 de abril de 1943, Albert Hoffman descubrió por casualidad una de las drogas que marco una época, un movimiento, y muchos quebraderos de cabeza para las fuerzas de seguridad: El LSD.

Este químico suizo pasó a la historia a partir de ese día por descubrir casualmente, mientras estudiaba los alcaloides, la dietilamona de ácido lisérgico (o comúnmente llamada, LSD). Lo que pretendía Albert Hoffman era crear un estimulante del aparato circulatorio y respiratorio, pero parece ser que se paso, pues lo que consiguió fue una sustancia muy potente. Hoffman incluso “sufrió” sus efectos cuando le cayó una gota en las yemas de su dedo mientras experimentaba en el laboratorio, y sintió en sus carnes la “psicodelia”, que él describía así:

“En un estado de ensueño, con los ojos cerrados (porque la luz del día me resultaba muy molesta), percibí una corriente continua de imágenes fantásticas, formas extraordinarias con colores intensos propios de un caleidoscopio. Después de dos horas, la sensación desapareció”.

Así explicó este químico su primer ‘viaje’ con el LSD en una conferencia concedida en Suiza en 2006, con motivo de su 100 cumpleaños. Hoffman se sintió raro y decidió volver a casa ese día, y encontró esta realidad que el mismo describió 63 años después como “bellísimas fantasías y colores”.

Entre 1947 y 1966, el grupo químico Sandoz, para el que trabajaba este investigador, comenzó a fabricar el producto en forma de píldoras y ampollas con finalidad médica. Desgraciadamente, esta sustancia era realmente potente y más propia de uso como droga para ocio que como medicina. Así pues, su fabricación fue prohibida posteriormente por el uso abusivo que se le dio al LSD.

Aún así, Hoffman defendía la utilidad que podría tener esta droga alucinógena para analizar el funcionamiento de la mente o en el psicoanálisis, y estaba a favor de que se pudiese emplear como fármaco para enfermedades mentales como la esquizofrenia. En su opinión, el LSD fue demonizado injustamente por culpa del uso lúdico que se le dio durante la época de su fabricación, protagonizando el archiconocido movimiento hippie de los años 60 e, incluso, una canción de los Beatles en 1967: Lucy in the Sky with Diamonds.

A parte de descubrir el LSD, Hoffman contribuyó en muchos más aspectos a la ciencia y la medicina: Identificó y sintetizó los ingredientes activos de una planta psicoactiva mexicana llamada ololiuqui y desarrolló tres componentes no psicoactivos que se usaron en la práctica médica. Estos son la Metergina (usada para el sangrado tras el parto), la Hydergina (que mejora la circulación sanguínea) y el Dihydergot (que estabiliza la circulación y la tensión sanguínea).

Albert Hoffman murió, a los 102 años de edad, el 3 de mayo del año 2008. Aún tras su muerte, se sigue investigando si es posible la aplicación del LSD para desmenuzar lo que ocurre en la mente de los pacientes, siempre con fines terapéuticos (actualmente se está investigando en Suiza).

Por último, os dejo con una de las frases que dijo Hoffman en una de tantas ocasiones:

“Opino que en la evolución humana nunca ha sido tan necesario contar con una sustancia como el LSD. Simplemente es una herramienta que nos convierte en lo que se supone que debemos ser”.

Vía: El Mundo / SINC.