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Hasta el momento habíamos conocido la anorexia como una enfermedad psiquiátrica cuyo desarrollo dependía de muchos factores: sociales, psicológicos, conductuales, etc… Pero un estudio reciente podría cambiar nuestra forma de ver esta enfermedad al afirmar que el desarrollo de dicha enfermedad se encuentra vinculado a factores genéticos.

“Durante mucho tiempo se ha pensado que ésta era simplemente una enfermedad de muchachas de clase media. Pero no es así, no es una enfermedad que una persona elige”,  Bryan Lask.

En este estudio, los investigadores tenian indicios de que una parte del cerebro es diferente en quienes sufren de anorexia, así que, el equipo, liderado por el profesor Bryan Lask, de la unidad de desórdenes alimenticios del hospital británico Great Ormond Street, empezó a investigar una parte minúscula del cerebro llamada la insula.

“Sospechamos que hay una anormalidad en la insula, que no funciona bien, y eso tiene un efecto en todo el cuerpo”, dijo Lask.

Y, efectivamente, las imágenes de resonancias magnéticas de personas que padecían anorexia mostraban esa zona del cerebro se encontraba inactiva.

La conclusión es que hay una predisposición genética a desarrollar la enfermedad. Y esto pueden ser muy buenas noticias para el futuro de los pacientes anoréxicos en potencia. Me explico. Hasta ahora, el tratamiento de la anorexia nerviosa se ha basado en buscar el aumento de peso de los pacientes, es decir, disminuir el riesgo vital que conlleva tan bajo peso.

“La idea prevaleciente es que una vez la persona recupera su peso, ya está curada. Eso es un disparate. No lo está”, expresó.

Sí, también se les da soporte psicológico, y algunos llegan a curarse, pero la realidad es que esta es la suerte de unos pocos, la desgracia de la mayoría es entrar en el hospital, recuperar el peso y conseguir el alta para poder volver a casa y allí volver a adelgazar drásticamente hasta volver a acabar en el hospital sin llegar nunca a curarse de su enfermedad.

En cifras, una de cada diez personas que padecen anorexia llega a morir a causa de su enfermedad, a pesar del tratamiento. Se trata de la enfermedad psiquiátrica más mortal, llevándose más vidas que la adicción al alcohol o las drogas e incluso más que la depresión.

Por eso, que la anorexia tenga un vínculo genético, quizás podría llevarnos a la posibilidad de reconocer a personas con mayor riesgo de caer en esta enfermedad y ser capaces de prevenirla desde edades tempranas. Como dice el refrán “mejor prevenir que curar” y con más razón en una enfermedad tan dramática y con esas cifras de mortalidad y recaídas.

Fuentes: BBC/ Actualidad RT