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Seguro que no me equivoco al afirmar que todos tenemos el típico amig@ que siempre bebe más de la cuenta durante alguna fiesta o encuentro social. Pues bien, puede que la culpa no sea de un “descontrol” del amigo en cuestión, sino de un gen. Y si, yo también estoy empezando a pensar que la genética marca muchas más cosas de las que nos podríamos imaginar.

Según un estudio publicado en Proceedings of National Academy of Sciences, PNAS, y llevado a cabo por el Instituto Kings College de Psiquiatría de Londres, algunos adolescentes podrían tener una versión modificada de un gen que produciría un fuerte estímulo de los sentimientos de placer y recompensa por parte del alcohol, superiores a la normalidad.

Como ya sabréis, el consumo de alcohol entre adolescentes es más común y preocupante de lo que nos gustaría. Por ejemplo, en Reino Unido, el consumo de alcohol en adolescentes ha aumentado de 6 unidades a la semana, hasta a 13 unidades semanales (entre 1984 y 2007). Como unidad se toma el equivalente a una lata de cerveza. Y, claro, este aumento del consumo tiene consecuencias variadas: conducta antisocial, toma de riesgos (conducir ebrios, practicar sexo sin protección) y, como ya comentamos en MedCiencia, también se da una alteración de la maduración cerebral (el cual no acaba de madurar hasta los 24 años) y diferentes problemas de salud a largo plazo.

Pero, ¿por qué se bebe alcohol? Aunque la respuesta es evidente, creo conveniente recordarla: el alcohol, de igual forma que otras sustancias que llevan al consumo abusivo, estimula la liberación de la hormona dopamina a nivel cerebral, dando lugar a las sensaciones de placer y recompensa. En este circuito cerebral estan implicados varios genes, y algunos de ellos se relacionan con el riesgo de abuso de sustancias, en nuestro caso el alcohol, destacando el gen RASGRF-2.

Pues bien, este gen (con un nombre tan peculiar y complicado de recordar como casi todos los genes) parece tener un papel crucial en el control del consumo de alcohol y su función de estímulo cerebral para llevar a la liberación de dopamina, dando lugar a la sensación de recompensa. Y aquí entra el tema del consumo abusivo: las personas que tienen una variación genética del RASGRF-2 disfrutan una sensación de recompensa más fuerte, haciéndolas más propensas a ser grandes bebedores, según explican los expertos.

Así que en la próxima fiesta ya sabéis, el problema es genético, y no psicológico. No es poco control, es la mala suerte de tener un gen diferente… Aunque, eso si, la genética no lo es todo, y en muchos estudios se ha demostrado que el ambiente (los diferentes factores externos) pueden afectar incluso más que la propia genética. ¿La mejor opción? Como siempre, no beber.

Vía: Medical News Today.

Imagen: Clarín