Omicrono, la tecnología de El Español

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Desde que saliera a la venta hace algo menos de un año la Raspberry Pi ha supuesto una herramienta perfecta tanto para el aprendizaje como para todos aquellos proyectos caseros o no tanto que tienen muchísimas personas. Es en muchos casos un candidato ideal para tales misiones y aunque su tamaño pueda engañarnos hay mucho potencial en esa pequeña placa. Además con el modelo de 512MB se amplían los horizontes de sus posibilidades.

Pero con tanto proyecto y tanta curiosidad que hemos podido ir viendo en su corta historia, hay una pregunta que nos podemos plantear, y no suena nada descabellada teniendo en cuenta el potencial de Raspberry. ¿Podría utilizarse una Raspberry como ordenador habitual? Su bajo precio, entre 25-35 euros, su pequeño tamaño que la hace incluso portable, o la posibilidad de alternar su uso normal con el de pequeños proyectos la hacen una candidata ideal. Si podemos navegar y hacer algunas cosillas más con una suite tipo Office ¿Es posible usar la Raspberry?

¿Es posible usarlo?

Bueno, esto tiene dos maneras de verse. Ni es un no absoluto ni es un sí rotundo. Desde luego Raspberry es un ordenador lo suficientemente dotado como para poder navegar por la web, e incluso ejecutar alguna que otra aplicación. También es en parte una ventaja que nos encontremos ante una plataforma que utiliza principalmente distribuciones Linux, que se encuentran adaptadas a la plataforma y que en la mayoría de casos pueden dotar nuestro equipo de lo imprescindible para el uso más práctico y menos exigente del ordenador.

Pero claramente Raspberry tiene algunos inconvenientes para ello. Resulta difícil que con la memoria RAM de la que dispone, y su potencia, quizá se queda bastante atrás como para soportar un uso intensivo, en el que requiera tener aplicaciones o pestañas de navegador abiertas mientras usamos el equipo. Ahí la Raspberry desgraciadamente no alcanza todavía la suficiente potencia como para ello.

xbmc_beta_front-1024x531El enfoque de Raspberry es algo distinto al de ser un ordenador al uso. Hay infinidad de aplicaciones y proyectos en los que el uso de un ordenador para el control o procesado de información es necesario. Pero en la mayoría de proyectos caseros muchas veces no es necesario tener un ordenador potente. Y ahí es donde tiene su hueco Raspberry Pi. Para esas cosas que requieren un ordenador, pero que no requieren uno tan potente. Ganamos espacio, tenemos un sistema estable y podemos hacer cosas con el. Recordemos que esta es la idea inicial de Raspberry, ser un medio barato para aprender.

Aunque Raspberry ya tiene su propia tienda de aplicaciones, el número de apps no llega al centenar pero es lo suficientemente esperanzador como para que esta plataforma siga popularizándose. Hay que tener en cuenta que su arquitectura es ARM, no x86 que es la habitual de PC, por lo que los programadores han de portar sus aplicaciones o bien desarrollarlas para esa plataforma. Y pese a que la limitación está ahí, puede ejecutar LibreOffice o incluso Audacity sin mayores problemas, eso sí, sólo una aplicación a la vez.

La Raspberry tiene muchísimas utilidades, no obstante, y podemos usarla ya sea para ser nuestro centro multimedia con el que reproducir películas, series o música, o bien para experimentar con Linux sin temor a romper nada de nuestro ordenador habitual. Aventurarse a aprender es quizá el elemento más atractivo de Raspberry Pi y podemos conseguir desarrollar esas pequeñas ideas como un servidor casero, o un proxy para podernos conectar remotamente. Hay mil y una ideas, y vale la pena por su bajo precio.

Quizá no sea una gran idea usarlo como ordenador habitual, pero sí que vale la pena como una pequeña inversión en diversión y conocimiento. ¿No os parece?