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Según lo que se ha publicado en ‘Scientific Reports’, un grupo de investigadores han creado lo que llaman un “vínculo cerebral”. Es lo más cerca que ha estado la ciencia de alcanzar el sueño de la conexión mental en la vida real. El equipo está liderado por el investigador de origen brasileño del Centro Médico de la Universidad de Duke (EEUU) Miguel Nicolelis, un especialista en interfaces cerebro-máquina, es decir, en el uso de dispositivos que leen la actividad de la corteza cerebral y la transmiten a un ordenador para que realice ciertas tareas, como lo que lograron en 2003, que un mono (un macaco rhesus) moviera un brazo robot utilizando sólo su mente.

Esta semana han presentado un documento sobre el estudio de interfaces cerebro a cerebro, cuyo objetivo se concentró sobre dos ratas compartiendo información sensorial y motora. Concretamente, lograron establecer una conexión, vía internet, entre los cerebros de dos ratas de laboratorio. Los pensamientos de una rata que pasea y retoza en un laboratorio de Brasil son capturados por sensores electrónicos y enviados por Internet al cerebro de una rata situada en Estados Unidos, donde el segundo animal recibe el pensamiento de la primera e imita su conducta.

¿Cómo se ha realizado el experimento?

Se registró la actividad neuronal de una rata en Brasil mientras realizaba una tarea de aprendizaje con refuerzo, entrenada para realizar una tarea específica, que es la de presionar una pequeña palanca. Si la palanca elegida era la correcta (se enciende una luz sobre ella), la rata recibía una recompensa. Sin embargo, esta rata también poseía un implante cerebral de 32 microelectrodos en la corteza motora primaria, el área del cerebro que procesa el movimiento.

La llamada rata “codificadora” era recompensada con comida si acertaba la palanca correcta, acción que produce un patrón de actividad neuronal específico. Esta actividad era convertida en una señal eléctrica que se enviaba dos décimos de segundos más tarde a Carolina del Norte, a más de seis mil kilómetros de distancia donde se colocó una segunda rata con otra matriz de microelectrodos implantada en la misma región de la corteza cerebral. Esta rata “decodificadora” no había sido entrenada excepto para aceptar la estimulación como algo normal. No conocía el proceso al que estaba acostumbrada la primera rata, ni tampoco contaba con una luz para guiarse, pero con sólo recibir esta información generada por el cerebro de la primera rata, podía presionar la palanca correcta un 64 por ciento de las veces (las ratas en Brasil alcanzaron un acierto del 95 por ciento).

Ratas telepaticas

El porcentaje de “precisión” en la transmisión de la acción fue del 70 por ciento. Si la rata decodificadora fallaba en su elección, la primera rata recibía una recompensa más pequeña de lo usual. Esto provocó un cambio tanto en sus funciones cerebrales como en su comportamiento, esforzándose para obtener una recompensa mayor, y asistiendo así a la rata decodificadora. Ahora, es necesario recordar que esto no es telepatía, control mental, ni nada parecido. Según Miguel Nicolelis, trabajos anteriores nos permitieron comprobar que el cerebro es capaz de adaptarse fácilmente a recibir señales que le llegan desde dispositivos externos, y con el experimento de las ratas se refuerza esa teoría.

Para el equipo fue un trabajo enorme, costando más de un mes sintonizar las ondas cerebrales de las ratas para poder empezar a realizar el experimento. Incluso, hubo un segundo experimento similar donde se procesó la sensación táctil. Con un éxito de más de un 60% de las veces, la rata codificadora supo adivinar el ancho del hueco que la otra rata estaba sintiendo.

Este trabajo lleva a preguntarse si un cerebro puede decodificar las señales eléctricas generadas por el de otra persona. La respuesta, al menos para las ratas, es sí. En el mejor de los casos, tal vez se pueda hablar de una “influencia” de la primera rata sobre la segunda. La idea es poderosa, y ya podemos imaginarnos múltiples cerebros conectados bajo una misma tarea o lecturas de las señales eléctricas emitidas por los cerebros de personas paralizadas.

Toda una sensación propia de las historias de ciencia ficción son las que se nos ocurren al ver este estudio, y más si tenemos en cuenta que es el proyecto DARPA (Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa) el que financia el experimento, por lo que las primeras aplicaciones que verán la luz tendrán un corte militar. Más madera para la especulación. Quizás en un futuro se puedan inducir en humanos los patrones de actividad neuronal asociados al aprendizaje de ciertas tareas motoras, quedando el intercambiar pensamientos abstractos para teorías más esotéricas.

Independientemente, estamos ante un campo de estudio complejo, en el que los investigadores llevan más de 15 años de trabajo en interfaces cerebro-máquina a sus espaldas. Nicolelis ha afirmado que están trabajando actualmente con monos, y a la espera que nuestros compañeros de Medciencia recojan el testigo para contaros algo más, os podemos adelantar que ya se ha logrado la comunicación cerebro a cerebro incluso sin la necesidad de recompensar con comida, solo por pura curiosidad innata de los primates.

El mundo de la neurología es un campo vibrante y donde actualmente se están llevando un gran número de avances. Esperemos que las tecnologías de la información puedan ayudar a que este tipo de experimentos puedan desarrollarse a lo ancho del mundo. ¿Os imagináis las puertas que se abren a través de este estudio?

Artículo completo publicado en Nature

Vía Francis (th)E mule Science’s News