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Como ya sabréis, la mayoría de la población es diestra, es decir, usan la mano derecha. En el otro lado de la ecuación, los zurdos (los que usamos la mano izquierda, como el que os escribe ahora) solo representamos un 7% de la población. También existen en este contexto los ambidiestros, es decir, aquellas personas que usan ambas manos, ya sea desde el nacimiento o por imposición. Por ejemplo, en la antigua dictadura de España se obligaba a los niños zurdos a escribir con la mano derecha, provocando así que fueran ambidiestros, totalmente contrario a su naturaleza. ¿Es esto bueno o malo para el individuo?

En un primer momento podríamos pensar que es genial, pues no condicionarnos a usar una sola mano sería muy cómodo para muchas tareas diarías, ¿no? Pues no. Resulta que ser ambidiestro, ya sea de forma natural o por imposición paternal o del colegio, no mejora la función cerebral, sino todo lo contrario. Al menos eso cuenta Michael Corballis, profesor de neurociencia cognitiva y psicología de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, en Scientific American:

“A pesar de la popularidad que ha tenido durante siglos el hecho de enseñar a usar ambas manos a la población, esta práctica no parece mejorar la función cerebral, e incluso puede llegar a dañar el desarrollo neural”

Como comenta Corballis, el “boom” se produjo a finales del siglo XIX y XX, pero a mitad del siglo XX se empezó a notar que el supuesto beneficio a nivel cerebral de ser ambidiestro era inexistente. Es más, recientemente se ha descubierto que ser ambidiestro desde el nacimiento implicaría mayor probabilidad de problemas de desarrollo, dificultad para la lectura y tartamudez.

Existe un estudio llevado a cabo durante 11 años en el Reino Unido que confirma incluso más problemas. En este caso los ambidiestros naturales (no obligados) tendrían más problemas académicos que los individuos que usan una sola mano dominante (zurdos o diestros, respectivamente).  Por otro lado, una investigación realizada en Suecia detectó que los niños ambidiestros tenían un mayor riesgo de sufrir trastornos del desarrollo como el TDHA (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). E incluso un estudio realizado por el mismo Corballis y sus colegas reveló que los niños ambidiestros y los adultos ambidiestros se desempeñan peor en una serie de habilidades, como las matemáticas, la memoria o el razonamiento lógico; en comparación a individuos diestros o zurdos.

Aunque los efectos descritos son más bien leves, no es para nada una buena idea obligar a un individuo a ser ambidiestro si no lo es de forma natural, como ya hemos comentado al inicio del artículo, pues las dificultades pueden ser similares. Los hemisferios cerebrales no son intercambiables como si de cromos de fútbol se tratara, cada uno tiene su función. Por ejemplo, el hemisferio izquierdo suele encargarse del lenguaje (donde está el área de Broca), y el hemisferio derecho se encarga de otras actividades no verbales. Esto entre otras muchísimas funciones. Es decir, los hemisferios están especializados, y evidentemente intentar modificar esta especialización tiene sus consecuencias.

¿Y vosotr@s? ¿Conocéis alguna historia de algún amigo o conocido que sea ambidiestro natural o obligado? Os invito a compartir vuestros conocimientos al respecto.

Vía | Scientific American.