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Si algo estamos aprendiendo durante esta crisis mundial es a ahorrar en el consumo eléctrico. Ya sea por concienciación o no, el poner en práctica las recomendaciones  que nos plantean nos ayudan a ver números más bajos en nuestras facturas de luz (bombillas de bajo consumo, paneles foto-voltaicos, casas inteligentes…).

Pero lo que es bueno para algunos puede perjudicar a otros. En Estados Unidos, entre otros países, el sector de desarrollo de las energías renovables tuvo un gran desarrollo y supuso una gran inversión. Muchos apostaron por la instalación de los paneles solares en sustitución a las redes eléctricas convencionales.

Si a esto le sumamos el contexto de la crisis, donde los usuarios intentan reducir al máximo sus gastos, muchas compañías eléctricas han visto que un gran número de clientes se han dado de baja y han apostado por una energía, a la larga, más barata.

Así, este “daño” a las empresas multinacionales del sector eléctrico podrían repercutir económicamente en nosotros. Pongamos un ejemplo con cifras reales calculadas para el año 2020: Si una empresa de este sector ve reducido en un 10% el número de clientes, el resto verán un amento del 20% en sus facturas, esto es, para que la compañía pueda seguir generando y compartiendo electricidad obteniendo beneficios, que hará que los clientes que se quedan deban pagar lo suyo y lo de los demás, por decirlo de alguna manera. En definitiva, los que mantienen utilizando la red eléctrica pagarán la luz casi como si de un artículo de lujo se tratara.

Son muchas las multinacionales que únicamente se dedican a esto y sufren grandes pérdidas, ya que acaban perdiendo a los clientes más “fieles” debido al gran encarecimiento y a alternativas más atractivas. Así, la mayor parte de los consumidores apostarían por la utilización de paneles solares.

Esto no sucede únicamente en Estados Unidos. Países tecnológicamente desarrollados como Alemania ya sufren las consecuencias de haber promocionado la energía solar como una energía barata. Esto es aplicable a cualquier país donde los paneles solares estén implantados en la sociedad y supongan un gran coste económico, véase España.

En definitiva, el desequilibrio que se generaría sería total. Lo que los consumidores pensaban que sería más barato acabaría costándoles lo mismo o más que lo que utilizaban anteriormente. Sucede con todo tipo de productos: Si hay un gran número de consumidores de paneles solares, como es en este caso, el gobierno no tardaría en añadir tasas para la compra y utilización de estos, encareciendo el producto de manera considerable.

La raíz de este problema parte de un sector industrial muy acomodado que, participando en un modelo de negocio que no ha sufrido apenas cambios desde hace un siglo, se ven muy reacios al cambio. Con lo cual, si no son ellos los que cambian tendremos que ser nosotros los que apostemos por alternativas. De lo contrario, no sabremos si la compañía de la que somos clientes será totalmente viable y tendremos que seguir pagando lo mismo o más en nuestra factura.

En definitiva, si apostamos por los paneles solares estaremos ayudando a la conservación del medio ambiente pero acabará costándonos lo mismo que si continuamos utilizando la luz que nos proporcionan las compañías desde hace décadas. Si permanecemos con lo que tenemos, el precio de la luz seguirá aumentando ya que el número de clientes será alto y los beneficios podrían ser mayores para la empresa. Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Cuál es la mejor alternativa? ¿Qué es lo más viable? ¿Cómo llegar a un equilibrio?

Es complicado plantear soluciones a estas cuestiones ya que se hablan de grandes cantidades de dinero y de un futuro bastante incierto en este sector. Por un lado, se debe apostar por las energías renovables para reducir las emisiones de dióxido de carbono y generar nuevos puestos de trabajo por el crecimiento industrial. Pero desgraciadamente esta supuesta democracia energética está influida por el sector político, que debe controlar la propagación de este tipo de energía y no competir contra ellos mismos, teniendo el suficiente poder para frenar su desarrollo comercial y seguir apostando por la red eléctrica pública.

De ser así, se estarían contradiciendo y evitando que el desarrollo industrial comenzara a generar beneficios económicos y sociales. Entonces el problema sería si favorecer a los accionistas o a la sociedad. Y así entraríamos en un círculo vicioso de hallar soluciones generando nuevos problemas.

El único ápice de luz que podría conseguir el equilibrio y hacer que todos saliésemos ganando es que los gobiernos crearan pactos con las compañías para ofrecer ambos tipos de energía por un mismo precio o que las nuevas empresas, que decidan apostar por las energías renovables, no tengan que pagar precios desorbitados para rentabilizar sus productos, no pudiendo ofrecer precios competitivos y atractivos para sus clientes.

Por todo ello, no parece que lleguemos a una solución clara y, verdaderamente, es difícil pensar en algo donde todos salgamos contentos. Pero es lo que sucede cuando entran en conflicto el sector público y el privado, todos quieren ganar sin pensar en lo que tienen que arriesgar y, efectivamente, salen ganando pero sin ser conscientes de todo lo que han tenido que sufrir los clientes.

En conclusión, parece complicado pensar cómo algo tan simple como instalar un panel solar pueda desencadenar un desequilibrio total, pero es imposible sobrevivir en la sociedad actual sin electricidad y solo nos queda la opción de pagar por este producto de lujo.

¿Qué opinas de todo este asunto? ¿Cuál parece el camino correcto?

vía | Grist

NOTA IMPORTANTE: Este artículo sólo plantea una posible situación en el campo energético, no hablamos de algo que va a ocurrir con total seguridad. En ningún momento se sacan conclusiones o se intenta establecer o hacer creer que las energías renovables son malas o un problema. Al contrario, creemos que es el camino correcto. También hay que aclarar que no se habla sobre la energía solar en general, si no sobre la autogenerada por cada uno en su casa.

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