Omicrono, la tecnología de El Español

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Meses atrás salió al mercado la primera consola para Android llamada Ouya. Era una novedad total y las posibilidades que nos ofrecía eran más que satisfactorias: Entretenimiento de una manera bastante independiente y a un precio muy bajo. En esta ocasión, los creadores de Bluestacks, conocidos por el popular el emulador para Android, lanzaron GamePop.

La idea detrás de Ouya, y ahora GamePop, es algo que quizás muchos hemos querido hacer: Jugar juegos de tu smartphone Android pero en pantalla grande.

Ouya tiene un precio de $99 dólares, pero la novedad con GamePop es que tener la consola nos sale completamente gratis. Hasta ahí esta bien, pero la gran diferencia – espero no decepcionar a alguno- es que cobrarán por una suscripción mensual, y el contrato de permanencia es de un año. De hecho tenemos que pagar un año por adelantado de suscripción para poder acceder a esta promoción, que es donde está la trampa. Así es, si lo deseamos podemos tener GamePop en nuestra casa ahora mismo, claro que para que podamos disfrutar de sus posibilidades tenemos que contratar el plan de un año.

No todo es como parece

Pese a que muchos nos hayamos emocionado al ver que no tendría costo el tener la consola, la realidad es que el plan de suscripción es el modelo de negocio con este producto. Es muy probable que cambie con el tiempo ya que aún no sale al mercado, de todas maneras es algo que muchos van estar esperando.

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Si no pagamos, la consola quedará como un dispositivo sin vida, sin juegos, como un lindo pisapapeles tecnológico o para lo que queráis usarlo. No compramos los juegos sino que estamos comprando el poder usar el hardware. Esto generará polémicas por parte de sus usuarios, y quien sabe, hasta encuentren la posibilidad de rootearlos para que no pierda su completa funcionalidad.

Aún no se sabe cuando saldrá al mercado exactamente, pero podemos acceder a la pre venta de manera que nos “saldría gratis“.

Un interesante nuevo concepto de negocio que podría funcionar pero que todavía tiene mucho camino que abrirse.