Omicrono, la tecnología de El Español

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¿Qué hace falta hacer para eliminar la piratería? Es una pregunta que se han hecho los creadores desde que este fenómeno se popularizó con la llegada de Napster. Hasta ahora hemos visto muchas tácticas, la mayoría de ellas agresivas y que atacaban a pilares de Internet como el libre flujo de información.

Hemos visto cómo páginas web basadas en descargas han caído, hemos visto como las leyes de los países se modificaban al gusto de los propietarios del copyright, hemos visto ofensivas contra protocolos P2P, y recientemente, el streaming se está llevando también una buena parte de las acciones. Los gobiernos parecen dispuestos a aceptar cualquier texto legal que la industria de la cultura les ponga delante, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta la gran influencia que puede tener un artista en periodo electoral. Pero todavía no se les ha ocurrido algo muy simple: ofrecer un producto mejor que el pirata.

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Y es que, pese a que la propaganda diga lo contrario, el pirata no es un ser maligno que se baja discos y películas por fastidiar. Lo suele hacer porque no hay una alternativa mejor. La cosa ha llegado a extremos ridículos, como que el usuario tarde mas en empezar a ver una película comprada original en disco que una descargada por culpa de la publicidad y de los avisos contra la piratería. La estrategia básica de la industria ante la piratería ha sido ofrecer un producto inferior y esperar que los potenciales clientes lo pasen por alto por algún sentido de “justicia”. 

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Y ahora, en Noruega ha salido un estudio de lo que pasa cuando la industria toma el camino contrario, cuando realmente ofrece alternativas legales que pueden luchar de tú a tú contra las piratas. Y el resultado es obvio. Entre 2008 y 2012 la piratería de música, películas y series de televisión se desplomó, hasta un 17.5% de lo que había sido. ¿Porqué? Según una encuesta, casi la mitad de los preguntados tenían una cuenta en algún servicio de streaming de música, como Spotify, y la mitad de estos aseguran pagar por la versión Premium.

“Cuando tienes una buena oferta legítima, la gente la usará”, afirma Olav Torvund, antiguo profesor jurídico de la Universidad de Oslo. “No hay excusa para la copia ilegal, pero cuando recibes una oferta que no cuesta demasiado y es fácil de usar, es menos interesante descargar ilegalmente”. Son palabras que debería grabarse mas de un directivo, porque son la clave del cambio de rumbo del mercado noruego.

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Por supuesto, esto no ha impedido a la industria noruega seguir presionando al gobierno para crear sus propias leyes, y este mismo Julio ha entrado en efecto una nueva versión que permite meter entre rejas a los que comparten archivos en la red. Una ley que ha llegado desfasada a los juzgados, ya que ya no es tan necesaria como antes. Pero el daño ya está hecho. Solo podemos desear que los responsables en España conozcan estos datos antes de cambiar leyes y mandar a gente a la cárcel, en vez de obligar a las compañías a ofrecer un mejor servicio.

Fuente | TorrentFreak