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Cualquier misión que implique mandar algo al espacio supone un coste tremendo para cualquier país, y por eso los diversos organismos se aseguran que los satélites y sondas sigan los mejores estándares de fabricación. Sin embargo, el espacio es un lugar muy hostil, en el que hasta el mínimo error puede conllevar el fin de la misión. Eso es lo que le pasó al telescopio espacial Kepler, que después de encontrar 130 exoplanetas confirmados y otros 3500 posibles, fue obligado a una retirada forzosa.

La razón detrás de esta decisión era el fallo de dos de los cuatro giróscopos que orientan el satélite y el objetivo para apuntarlo a las zonas del espacio que se desean investigar. La esperanza era poder seguir usándolo solo con tres giróscopos, pero finalmente los esfuerzos fueron en vano y se tuvo que dar por finalizada la misión. Fue entonces cuando la NASA lanzó un llamamiento a la comunidad científica en busca de opciones, ya sea para volver a poner en marcha la misión o para encontrarle algún tipo de utilidad a este satélite que sigue a la Tierra en su órbita alrededor del sol.

Ahora se acaba de anunciar que una de estas sugerencias está siendo considerada para ser incluida en los presupuestos del año que viene. La misión, de nombre K2, es especialmente delicada y supone tener en consideración diversas fuerzas que actúan sobre Kepler, pero si tiene éxito podría suponer una segunda vida para el satélite.

kepler-k2

En particular, el plan supone usar los paneles solares como sustituto del tercer giróscopo necesario para mover Kepler, aprovechando la fuerza de los fotones. Al absorber estas partículas provenientes del sol, se genera una pequeña cantidad de fuerza sobre el aparato. Esta fuerza ha sido estudiada en otras ocasiones como la causante de que los asteroides giren constantemente, pero ahora estamos hablando de usarla para mover una nave. Si se colocan los paneles solares en el ángulo adecuado, y los dos giróscopos que quedan se mueven en concordancia, en teoría debería ser posible mover Kepler en un rango limitado para que continuase mirando a distintas zonas del espacio.

Este plan no supone la vuelta a pleno rendimiento de Kepler, ya que depende de la situación de los paneles solares en un solo lado del satélite. Por tanto, conforme vaya completando la órbita recibirá los fotones en el lado que no los tiene, obligando a recolocar Kepler cuatro veces en cada órbita. Además, dependiendo de la órbita de los objetivos es muy posible que muchos planetas ya no puedan ser estudiados con Kepler. Pese a todo, es mejor que nada.

Fuente | NASA