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No es la primera vez que tratamos en conjunto dos temas tan complejos y delicados como son las adicciones y los alimentos. De hecho, esta misma mañana hemos comentado este punto en relación a uno de los factores causantes de la actual epidemia de obesidad: El potencial de los alimentos para convertirse en algo adictivo. Sin embargo, existen algunos alimentos más proclives a convertirse en sustancias adictivas que otros, e incluso algunos están creados para comportarse así. Hoy echaremos un ojo a cinco de estos alimentos, algunos de los cuales ya hemos comentado alguna vez en MedCiencia:

1. Los refrescos

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Imaginaos hasta que punto son adictivos y perjudiciales los refrescos que en algunos países han intentado subir los impuestos a este tipo de bebidas (con un pésimo resultado). De hecho su consumo es tan perjudicial que llega a dañar el cerebro, entre otros muchos efectos secundarios como puede ser el aumento de grasa corporal, aumentar la probabilidad de sufrir diabetes tipo 2, acelerar el envejecimiento o alterar nuestro sistema hormonal.

Uno de los factores que provoca nuestra adicción hacia estas bebidas no es solo el azúcar, sino también la cafeína (como en las bebidas basadas en cola), un componente que funciona como estimulante por si mismo. Por otra parte, existe una sustancia llamada BVO o Aceite Vegetal Bromado tan adictivo y estimulante como la cafeína, aunque su uso se está volviendo polémico.

2. Los embutidos

embutidos

Precisamente España, el país desde donde os escribimos, es uno de los grandes reyes en fabricación y distribución de embutidos. Su sabor se vuelve adictivo gracias al uso de ingredientes como los nitritos (el cual podemos encontrar en el jamón, salchichas, salami), una sustancia que inactiva las bacterias, alargando así su vida útil y dando lugar a un sabor y color agradable a los alimentos.

Sin embargo, tras su cocción, se puede combinar con otros productos químicos  como los hidrocarburos alogenados procedentes de las barbacoas y dar lugar a sustancias potencialmente cancerígenas.

3. Las palomitas para microondas

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Existen muchas formas de hacer palomitas. De hecho, se pueden encontrar fácilmente envases de granos de maíz sin cocinar para que podamos cocerlas a nuestro gusto, ya sea en sartén o donde nos parezca. Sin embargo, lo más cómodo y usado son las típicas bolsas de palomitas preparadas para entrar directas al microondas, las cuales están hechas precisamente para mandar una señal de alerta a nuestro sistema olfativo.

Su olor se debe a productos tales como el diacetil y la pentanodiona, que se disipa en el aire gracias al calor, pero la seguridad de ambos está en entre dicho. Resulta que este tipo de sustancias han sido acusadas de dar lugar a una enfermedad denominada pulmón de palomitas“, pues los trabajadores de las fábricas de palomitas inhalan mucho diacetil, y los consumidores también podríamos estar en peligro.

4. Los snacks salados

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De la misma forma que sucede con el azúcar de los refrescos, la sal también tiene un gran potencial para convertirse en una sustancia adictiva, y los snacks salados son una gran forma de llegar al consumidor medio. De hecho, las patatas fritas combinan tanto esta sal como las grasas, ambas formas conocidas de provocar que volvamos a consumir esos alimentos: La adicción creada es enorme.

Esto se debe a que este tipo de alimentos ha pasado por la “reacción de Maillard“, donde los alimentos ricos en carbohidratos son cocinados a temperaturas suficientemente elevadas para ser dotados de un color amarillo y tostado. Esto indica que se ha formado acrilamida, una sustancia potencilamente carcinógena y que, a su vez, hace irresistible el sabor de estos alimentos.

Por otra parte, estos alimentos salados tienen una increíble facilidad para derretirse en nuestro paladar, lo que hace que inconscientemente pensemos que contienen pocas calorías, y por tanto seguimos comiendo.

5. La comida rápida

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En su día os advertimos de la capacidad de la comida basura o comida rápida para dar lugar a la depresión. Aún así, seguimos consumiéndola, pues el deseo es irrefrenable, como bien constato un estudio donde el 75% de los participantes que visitaban restaurantes de comida rápida lo hacían precisamente por un deseo emocional y no por gusto o necesidad.

En su día nuestros compañeros de Cocinillas os hablaron de algunas sustancias que se usan en la comida del restaurante McDonalds, o más específicamente que sustancias químicas podemos encontrar en sus nuggets, ambos datos muy poco alentadores para el consumidor.

En definitiva: La comida rápida combina todos y cada uno de los puntos anteriores, y encima en su conjunto pueden ser más perjudiciales si cabe, ojo