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Aunque se han hecho varios estudios que analizan los contactos sexuales y la transmisión de ETS en función de parejas anteriores, muchas de ellas se han hipotetizado sin analizar muestras poblacionales completas. El estudio de hoy analizó la red sexual de un instituto durante 18 meses y los investigadores no encontraron lo que esperaban.

El estudio

Este experimento, llevado a cabo entre otros por el profesor James Moody, es un experimento de aire sociológico. Se realizó en el “Jefferson High School” (es el nombre asignado al colegio en el que realizaron el estudio, para que permanezcan los alumnos en el anonimato), colegio público con una composición mayormente caucásica de alumnos (por no decir entera salvo alguna excepción). En este instituto del medio oeste los investigadores entrevistaron a 832 de los 1000 alumnos que pertenecen al mismo. Los alumnos debían identificar a sus parejas sexuales y románticas de los últimos 18 meses. Las parejas sexuales no tenían ninguna relación más allá del intercambio sexual, mientras que las románticas mantenían una relación de pareja.

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Más del 50% de los alumnos manifestaron mantener relaciones sexuales. Así pues la red sexual se realizó con estos 573 alumnos que si mantenían relaciones sexuales, siendo los datos de los otros irrelevantes para el estudio.

Los resultados

Los resultados mostraron que la red no se estructuraba como ellos esperaban. Ellos esperaban encontrar (como suele ocurrir en las redes realizadas con adultos) un núcleo central de sujetos muy activos sexualmente, por el contrario no había muchos estudiantes que tuvieran muchas parejas o muchos contactos directos con otras partes de la red. Sin embargo sí se veía una estructura similar a la de una cadena, de manera que se influenciaba la red a través de los eslabones, aunque no hubiera un núcleo central de actividad. Había pocos lugares en la cadena en los que los alumnos estuvieran compartiendo una misma pareja sexual (algo que si puede ocurrir en adultos). Estaban conectados pero de forma más indirecta.

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Aun así un componente de la red conectaba a los 288 alumnos en la cadena, algo más de la mitad de los que mantienen relaciones sexuales. Esto quiere decir que A mantuvo relaciones sexuales con B, quien mantuvo relaciones con C, estando este sujeto conectado con el 52% de la red, una cifra sorprendente si lo pensamos.

En adultos las conexiones suelen tender a un punto central, un núcleo de personas más activas, les sorprendió observar que en adolescentes la secuencia era más parecida una cadena central de la que emergen bifurcaciones, habiendo sujetos no conectados al sistema central, pero la mayoría, a pesar de pocos contactos sexuales, conectados por la relación de la pareja anterior o presente con el sistema.

El sistema también presenta pequeñas ramificaciones, en las que el sujeto más lejano se sitúa a unos 37 pasos (personas o relaciones) del más lejano.

Se encontraron 63 parejas únicas (no se relacionaban con nadie más), que no habían tenido pareja anteriormente y por lo tanto no estaban conectados a la red central.

Por otro lado, 189 estudiantes (un 35% de los sujetos activos) se encontraban en relaciones románticas que conectaban con redes de 3 o menos sujetos.

Otro dato sorprendente fue la ausencia de regiones cíclicas, sujetos que mantienen relaciones sexuales con personas próximas a su red. Esto parece ser por ciertas normas morales que los adolescentes aplican, tales que “no se puede salir con el ex de una amiga”, o acostarte con alguien después de otro es ser “segundo plato”. Además los adolescentes al romper una relación parecen tender a alejarse de esa persona y las que están cercanas. Siendo así como se evita un núcleo central o un patrón cíclico.

Conclusiones

Este estudio tiene sobretodo implicaciones para las políticas de educación sexual y prevención de enfermedades de transmisión sexual. Parece ser que aplicar modelos basados en la sexualidad adulta puede no ser lo más correcto. En adultos los objetivos de la prevención son ese grupo de sujetos que componen el núcleo central, los más promiscuos normalmente. Esto no es efectivo en adolescentes, en ellos se deben hacer intervenciones más amplias, no pudiendo centrarse en un pequeño grupo.

Mostrarles a los alumnos los diagramas como el del presente estudio puede hacerles comprender que a pesar de no ser muy promiscuos o activos sexualmente forman parte de una red mucho más larga y que a través de ella pueden tener riesgo de contraer este tipo de enfermedades. Aunque tú solo tengas una pareja, arrastras las consecuencias de muchas otras personas mucho más atrás en la cadena.

Un estudiante puede entender que su pareja tuviera anteriormente otra pareja, pero normalmente ver un diagrama como este puede dejarles perplejos, no pensarían que el nexo de unión fuera tan largo, ni implicara a tantas personas, y ese es el problema, no lo saben.

Si las estrategia de prevención consiguen interrumpir aunque solo sea un link de transmisión en la cadena ello ya protege al resto de puntos que siguen esa conexión, así pues es un sistema frágil de transmisión, bloqueando varios de estos puntos clave se podría conseguir una muy buena protección frente a las ETS. Esto es muy alentador.

Fuente: Research News.

Imagen: Research News, Wikipedia.