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Seguro que a más de uno le ha pasado estar hablando con una chica e intuir que ella estaba interesada, mientras que ella al mismo tiempo identifica claramente una actitud de amistad con la que está cómoda (a pesar de las claras referencias sexuales del chico que ella no ve). Así es normal que haya muchos malentendidos, momentos incómodos y tierra-trágame(s)… ¿Cómo puede ser que busquemos cosas tan diferentes y que además interpretemos de forma tan sesgada la interacción con el sexo opuesto? El estudio del que hablamos hoy enfoca este problema desde el punto de vista evolutivo y nos da algunas interesantes ideas al respecto.

El estudio

El estudio se basa principalmente en una teoría: la teoría de manejo del error, en inglés Error Management Theory o EMT (Haselton y Buss, 2000; Haselton y Nettle, 2006). Según esta teoría la evolución ha configurado formas para juzgar situaciones en condiciones de incertidumbre que en la medida de lo posible reduzcan el coste de cometer un error.  Son sistemas de razonamiento adaptativamente sesgados (lo cual no quita que el resultado pueda ser peor en ciertas ocasiones). La teoría propone que cuando los costes de diferentes tipos de errores son asimétricos en cuanto a la conveniencia, la selección natural creará un mecanismo cognitivo sesgado para maximizar el error menos costoso.

Otro antecedente del estudio fue el estudio de Martie G. Haselton de 2003, en este estudio se pasó una encuesta a 102 mujeres y 114 hombres preguntándoles cuantas veces el sexo opuesto había malinterpretado sus intenciones sexuales. Él encontró que las mujeres informaban de más falsos positivos cometidos por los hombres (interpretar que la mujer quiere sexo cuando no lo quiere) que falsos negativos (interpretar que no quiere sexo cuando si lo quiere). Los hombres en cambio informaron de menores diferencias en el tipo de errores, sugiriendo esto que las mujeres poseen un menor (o nulo) sesgo en esta área. Se encontró que factores personales influían en los sesgos, los sujetos que se consideraban como buenas opciones de reproducción cometían más falsos positivos que aquellos con baja percepción de sí mismos en el área.

imagen sexualidad

El estudio más actual y del que os hablamos hoy es el del departamento de psicología de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU). El grupo de científicos (entre ellos Mons Bendixen) investigaron sobre una muestra de 308 estudiantes noruegos heterosexuales (de entre 18 y 30 años). Se utilizó una muestra heterosexual porque se tenía como variable la capacidad reproductiva. El 50% de las mujeres y el 40% de los hombres estaban en el momento del estudio en una relación estable.

Se enfocó como una réplica del estudio original de Haselton (2003), de hecho se utilizaron las mismas series de preguntas. La idea era comprobar si los resultados se repetían (en otra muestra con otra cultura) y si se podían encontrar más factores asociados a este fenómeno, así como ofrecer algún tipo de explicación. Esta población es especialmente interesante porque la sociedad noruega es considerada como una de las más igualitarias en cuanto a roles y diferencias entre géneros (sobretodo comparándolo con la muestra estadounidense del estudio anterior, país en el que las diferencias son bastante grandes). Podéis descargaros el artículo completo de forma gratuita en el siguiente enlace.

Los resultados

Los resultados mostraron que las mujeres afirmaban que su interés amistoso había sido malinterpretado como interés sexual unas 3,5 veces en el último año, los hombres también se sentían malentendidos por el sexo opuesto en este sentido pero apuntaba una frecuencia mucho menor.

Los resultados mostraron que los hombres muy rara vez malinterpretaban el interés sexual por parte de una mujer.

Los patrones de respuesta sesgada fueron invariantes a través de diferentes estudios y grupos demográficos dentro de una misma cultura. Parece ser que ello apoya la teoría del error de manejo y va en contra de la teoría de la estructura/rol social. Parece ser que las diferencias en los roles sexuales de ambos géneros en las diferentes culturas no alteran el patrón de equivocaciones en la interpretación de intenciones del sexo opuesto. El factor de estar o no en una relación de pareja tampoco parece haber influido en el estudio.

Además encontraron que factores como ser soltero, joven y tener actitudes en pro del sexo casual se asociaban más con el sesgo de sobre-percepción sexual.

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La explicación

Los datos parecen apoyar una teoría más evolutiva que social. La teoría que subyace al estudio es una basada en el interés de la reproducción como mantenimiento de la especie y factor principal de la evolución de la misma. Así pues:

Para el hombre reproducirse implica aprovechar cualquier oportunidad, si no lo intenta no tiene posibilidades, a más intentarlo, más posibilidades. La capacidad reproductiva de un hombre depende del número de mujeres con las que está, de a cuántas deja embarazadas. Al hombre le sale rentable invertir tiempo y dinero aunque a veces no sea productivo ya que el coste de no intentarlo sería mayor. Así pues debe estar más pendiente e intentar aprovechar cualquier señal del sexo opuesto que perciba, y estar atento a percibirlas, dejarlas pasar puede significar perder capacidad reproductiva. Para el hombre es una ventaja evolutiva sobrestimar el deseo reproductivo de la mujer ya que el riesgo de esta conducta es menor que el beneficio que aporta.

Para la mujer es diferente. Una mujer tiene una capacidad reproductiva limitada, es decir, no por tener más relaciones tendrá más hijos. La reproducción de la mujer depende más de la calidad de la pareja que de la cantidad.

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Así pues para el hombre tener relaciones cada vez que se preste la situación es una opción con bajo riesgo y alta posibilidad de recompensa o resultado positivo. Siendo inverso para la mujer. Una vez la mujer está embarazada ya no puede reproducirse más, corre el riesgo del parto, la crianza, etc… Sin poder re-iniciar el proceso en el caso de que apareciera un posible candidato más interesante. Entonces para una mujer un hombre más interesado que ella en el sexo es una situación de riesgo, ya que amenaza su potencial capacidad de reproducción e implica cambios en su estado.

Con el tiempo la evolución ha dictaminado que la mujer tiene que tener el listón más alto, lo cual se ha traducido en una necesidad de mayores señales para considerar interés sexual en el sexo opuesto. El hombre no puede ser muy selecto y en cambio la mujer debe serlo.

Bendixen afirma que aunque estos procesos no son conscientes podemos medir empíricamente los resultados.

Los desarrolladores del estudio pretenden replicar la prueba con alumnos de entre 16 y 19 años orientando también más los datos hacia la prevención del acoso sexual.

Fuente: UCLA, EPJournal, ABC, Sydney Symposium, Gemini,

Imagen: Flickr.