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Tenemos la tendencia a pensar que nuestros amigos son más populares que nosotros, y es algo fácil de explicar: Nos fijamos en los más populares, los que por lógica tienen siempre más amigos, y están desproporcionadamente representados en los círculos y actuales redes sociales. Así que sí, de media, nuestros amigos suelen tener más amigos que nosotros.

Sin embargo, ¿de verdad ser extrovertido es tan común como pensamos? Basándose en esta cuestión, y extendiendo la llamada “paradoja de la amistad” (la explicación antes mencionada), los investigadores de la Tuck School del Darmouth College han realizado un estudio acerca del sesgo de extroversión en las redes sociales: Ser extrovertido es poco común, pero su representación desproporcionada en las redes sociales y el mundo real nos hace pensar lo contrario.

Ser extrovertido es bastante menos común de lo que pensabas

ser extrovertido

Según el estudio, publicado en el Journal of Psychological Science, ser extrovertido no sería lo común como podríamos llegar a pensar, sino que aquí se da el caso de que “el que más grita, destaca más“, o en otras palabras, exageramos la representación de los extrovertidos en la sociedad real, y más aún en la virtual. Además, los extrovertidos no solo sufren la paradoja de la amistad, sino que la sienten con mayor intensidad (suelen ver como sus amistades tienen un mayor círculo social que el propio).

Además, los extrovertidos y los introvertidos verían el mundo de forma diferente, y precisamente estos últimos son lo que tienen una visión más precisa de la realidad, como explican los investigadores:

“Si eres más extrovertido, realmente tienes una visión sesgada de la extraversión de otras personas en general. Sin embargo, si eres muy introvertido, tendrás una idea bastante más precisa del mundo real”

Para llegar a tal conclusión, se realizó un estudio de la interacción de dos factores clave en la formación de las redes sociales: En primer lugar, la extraversión nos hace ser más sociales y tener más amigos; en segundo lugar, somos más propensos a entablar amistad con aquellas personas con un nivel de extraversión similar al nuestro.

Al ser extrovertido, estos dos factores trabajan juntos, haciendo que entablemos amistad con muchos más individuos extrovertidos que introvertidos. Por su parte, para los introvertidos estos factores van al revés, ocasionando que entablen amistad tanto con introvertidos como extrovertidos. En el caso de los introvertidos también existe cierto sesgo de extraversión social, pero en menor medida (creen que hay más extrovertidos de lo que realmente es cierto, pero no lo notan tanto en su caso).

El sesgo de la extraversión

introvertido

Según estos resultados, el sesgo social nos haría creer que los demás son más extrovertidos de lo que realmente son, y realmente son los introvertidos los que pueden calibrarse mejor socialmente hablando que los extrovertidos. Curioso, ¿no?

Además, como comentan los investigadores, también estamos sesgados por nuestra pequeña “burbuja social“: Nos basamos en las interacciones y normas sociales usadas en el círculo de personas con las que interactuamos. En este caso, nuestra red social es una muestra muy sesgada, con unas creencias sociales predeterminadas, que perfectamente pueden diferir de las redes sociales de otros.

En su trabajo, los investigadores se basaron en las redes sociales de 284 nuevos estudiantes que llegaban al campus en otoño de 2012. Se les hizo una encuesta a las cinco semanas de su llegada, y de nuevo a las once semanas. Se les dio una lista de su clase y se les pidió señalar con que compañeros tenían relación. Tras la segunda encuesta, se les evaluaron sus rasgos de personalidad, incluyendo la extraversión.

Como cabía esperar por parte de los investigadores, la mayor parte de los resultados mostraron el sesgo de extraversión, y más pronunciado en las redes sociales de los extrovertidos, cosa que sorprendió a los investigadores: A mayor extraversión propia, mayor sesgo de extraversión se siente.

Estos resultados nos sugieren claramente que tenemos una visión muy distorsionada de la realidad social, pues las impresiones que tengamos dependen tanto de nuestro propio grado de intraversión o extraversión, como de la burbuja social en la que nos movamos. Además, esta visión distorsionada afecta a rasgos como el desempeño laboral, las relaciones e incluso la autoestima, ya que el sesgo social puede perjudicarnos o beneficiarnos.

Vía | PsyPost.

Fuente | Journal of Psychological Science.