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Hacer un análisis de sangre puede resolver muchas enfermedades. Dentro de la obviedad de que es una prueba “intrusiva” porque requiere recibir un pinchazo, la realización de un simple análisis de sangre evita muchos quebraderos de cabeza y soluciona muchísimas más cosas de las que podáis imaginar (siempre que se elija lo que se quiera analizar correctamente, claro). De hecho, están en actual investigación los análisis de sangre para una gran variedad de enfermedades, desde el Alzheimer o la fibromialgia hasta el cáncer de pulmón o cáncer de mama. Sin embargo, ¿qué sucede con las enfermedades mentales? ¿debemos conformarnos con diagnosticarlas sólo con los comportamientos, o existen marcadores medibles en sangre?

Según un par de investigaciones, sería posible fabricar un análisis de sangre para diagnosticar la depresión.

Un análisis de sangre para buscar la depresión, con margen de error

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Uno de estos trabajos a los que he hecho referencia lo lideró la neurocientífica Eva Redei, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Northwestern, y publicado en Translational Psychiatry en septiembre de 2014. En dicho trabajo, Redei y su equipo desarrollaron un análisis de sangre capaz de diagnosticar la depresión en adultos mediante los niveles de ARN en sangre, los mensajeros responsables de interpretar los códigos genéticos del ADN y llevar a cabo las instrucciones que darían lugar a este trastorno mental tan extendido en nuestra sociedad.

De hecho, ese mismo análisis de sangre sería capaz de identificar incluso a aquellas personas propensas a desarrollar depresión antes incluso de que se presenten sus síntomas. Pero, aún así, existe un problema: Estos biomarcadores compuestos de ARN se buscan a nivel cerebral, y precisamente en este órgano no se encuentran todos los genes presentes en sangre, por lo que el margen de error es considerable.

¿Neuroimagen para diagnosticar la depresión? 

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Por su parte, el profesor de psicología Marcel Just, de la Universidad Carnegie Mellon, tiene una idea alternativa para diagnosticar la depresión mirando el cerebro. En este caso, Just pensó en usar una técnica de “lectura” del cerebro que usase representaciones neurales de pensamientos sociales para predecir el diagnóstico de autismo con hasta un 97% de exactitud, un trastorno que como todos sabemos aún hoy en día se diagnostica por el comportamiento. El plan sería usar fMRI (resonancia magnética funcional), una prueba capaz de medir la actividad cerebral y fotografiarla mediante el análisis del flujo sanguíneo). Su trabajo llegó a publicarse en la revista PLoS ONE el pasado diciembre de 2014.

Según Just, este enfoque podría servir para analizar los pensamientos y, tras compararlos con lo que se consideraría el rango normal, poder detectar alteraciones mentales como la esquizofrenia o la depresión en este caso. Actualmente están trabajando en un pequeño estudio para poder detectar las ideas suicidas, algo que también tiene su propio proyecto de “análisis de sangre” como os contamos en aquel post de “Un análisis de sangre para detectar el suicidio a tiempo“.

Los planes futuros para diagnosticar la depresión

Aunque ambas ideas, tanto el análisis de sangre como la prueba de neuroimagen, son grandes proyectos para poder diagnosticar la depresión de forma más específica, la realidad es que hay cosas que puntualizar. El estudio del autismo y la fMRI tan solo incluyó a 17 pacientes, y el estudio de Redei y el análisis de sangre para diagnosticar la depresión unas pocas docenas. Ambas son investigaciones en marcha, por lo que los resultados y la llegada de tales métodos para la población general, o los hospitales para ser exactos, todavía queda lejana.

Para finalizar, la depresión en particular está sufriendo cierta polémica en los últimos tiempos. No tenemos claro si la serotonina es la culpable de este conocido trastorno mental, nos hemos planteado si es una inflamación, y sabemos de sobra que muchos individuos a los que se les llega a diagnosticar la depresión no pueden beneficiarse de los medicamentos actuales

En definitiva, sabemos muy poco sobre los trastornos mentales, aunque algunos métodos funcionan, pero muchos de ellos no. Damos palos de ciego, y aún necesitamos mucho conocimiento sobre las enfermedades en sí, por lo que un diagnóstico más certero queda muy lejano, por desgracia. Como siempre decimos, es tremendamente necesario seguir investigando.

Vía | MotherBoard.