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La sexualidad ha cambiado. Hemos vivido una revolución sexual en pleno siglo XX y aún en el siglo XXI vivimos la resaca post-revolucionaria, habituándonos todavía a ciertos cambios en torno al sexo. Aunque sean muchos los factores que influyen a la sexualidad y lo mucho que éstos han ido cambiando, actualmente aún tiene una fuerte presencia la moral sexual que en muchas ocasiones determina como vivimos y/o expresamos nuestra sexulidad.

No hace falta que echemos mucho la vista atrás para entender que nuestros abuelos y nuestros padres no vivieron la sexualidad de la misma manera que lo hacemos actualmente, y que en un futuro tal vez se viva de forma diferente a la que conocemos. Nos parezcan mejores o peores estos cambios, la realidad es que son un hecho que no podemos negar, y que nos ayuda a vivir y entender la sexualidad desde muchos puntos de vista diferentes.

¿Qué cambios hemos experimentado?

Cuando hablamos de revolución sexual hacemos referencia a todos los cambios que se han dado a lo largo de los años en torno a la moral sexual, al comportamiento sexual y a las relaciones sexuales. Pero…¿cuáles son estos cambios?

Sexualidad femenina. Nos encontramos con muchas mujeres que reivindican su derecho al placer, a disfrutar de la sexualidad como lo han hecho hasta ahora los hombres, a hablar abiertamente de estos temas, así como comprender el funcionamiento de su cuerpo, disfrutarlo y exigir orgasmos, separándolo completamente de la procreación, buscando la igualdad entre los sexos.
Aparición de los métodos anticonceptivos. Éstos han hecho que podamos disfrutar de las relaciones sexuales por placer, planificando la maternidad y paternidad en función del deseo de cada persona por tener hijos.
Relaciones sexuales más allá del matrimonio. Antes se entendía la pérdida de la virginidad en el matrimonio y mantener relaciones sexuales siempre con la misma persona hasta el fin de nuestros días. Actualmente entendemos que las relaciones sexuales pueden darse en cualquier momento de nuestra vida, tengamos o no pareja estable y nos casemos o no.
Concepción de la sexualidad como algo natural. La sexualidad se vio como algo pecaminoso y sucio hasta no hace mucho, actualmente entendemos que es inherente al ser humano, algo de lo que no podemos renegar y disfrutamos de ella sin tabúes ni prejuicios.
El colectivo LGTB como parte natural de la expresión de la sexualidad. Despatologizamos la homosexualidad y entendemos que la sexualidad es muy diversa y se puede disfrutar de muchas formas diferentes, comprendiendo que la heterosexualidad no es la única forma de entenderla y expresarla.

Diversidad en los encuentros eróticos

 

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Como hemos visto, las relaciones sexuales han ido cambiando a la largo de la historia. Nos detenemos en el siglo pasado y en nuestra sociedad porque es lo que tenemos más a mano y no es más fácil entender, de la cual recibimos la herencia de lo que entendemos hoy por sexualidad. Pero también cabe tener presente que esta forma de vivir la sexualidad no se da en todas las partes de mundo, encontrando muchísima diversidad en cualquier país. Como bien sabemos, la sexualidad de puede ver influida por muchos factores como son los biológicos, psicológicos, sociales, culturales, históricos, religiosos, económicos, etc. y cada uno de nosotros la experimenta de una forma única.

Con la revolución sexual, al entender la sexualidad como algo natural, que nos genera mucho placer y se puede vivir de forma libre y personal, surgen con más frecuencia las relaciones sexuales esporádicas, es decir, aquellas que se dan con personas que no son nuestra pareja por el simple hecho de obtener placer y diversión.

A pesar de entender estas prácticas como algo divertido y placentero, encontramos que en muchas ocasiones los popularmente conocidos “polvos de una noche” acaban siendo un desastre…¿por qué?

Cómo disfrutar de las relaciones sexuales de una noche

 

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La actitud que tengamos hacia la sexualidad, de nuestra educación, de las experiencias negativas que hayamos tenido, de nuestra autoestima o autoimagen negativa, etc. puede hacernos disfrutar de la sexualidad de una manera u otra. Son muchos los factores que pueden afectar a que las relaciones de una noche puedan ser increíbles o un desastre, la predisposición con la que vamos y los pensamientos que nos invaden pueden determinar mucho esa noche: no nos conocemos lo suficiente, no sé si le voy a gustar, me da vergüenza, etc. He aquí algunas pautas para poder disfrutar de las relaciones sexuales de una noche:

– Estar pensando en mi cuerpo, mis pechos, el tamaño de mi pene, en si tendré una erección o no, en si llegaré al orgasmo, en si sabré hacerle disfrutar, etc. no son precisamente estímulos sexuales placenteros, sino todo lo contrario. Las relaciones sexuales tienen que ser divertidas, si nos preocupamos más de otras cosas que en disfrutar del acto en sí, el encuentro erótico está destinado al fracaso. Debemos abandonarnos al placer, centrarnos en el aquí y ahora.

– Si nos hacen algo que no nos gusta o hacemos algo que no le gusta a la otra persona y no lo decimos, probablemente no queramos repetir. Ya que hemos venido a pasarlo bien, podemos decir de forma sutil que eso no nos gusta o sugerirle cómo puede hacerlo, y empezar a disfrutar.

Las relaciones sexuales van más allá de los genitales y el coito. La penetración es una práctica más dentro del amplio abanico de las relaciones sexuales, si vamos directo al grano sin estimular antes, sin jugar o excitar, puede ser doloroso y aburrido.

– En caso de relaciones entre hombre y mujer, no podemos delegar toda la responsabilidad a la erección del pene para que haya o no una relación sexual, así como tampoco al tiempo que tarde en eyacular. Al igual que no podemos dar por finalizada la relación sexual cuando el hombre ha eyaculado, ya que la satisfacción de la mujer es igual de importante.

– También es importante no olvidar que si hemos consumido algún tipo de droga, como por ejemplo alcohol, nuestra sexualidad se puede ver alterada y la relación sexual puede ser un fracaso. Si mantenemos relaciones en estas condiciones, no debemos sorprendernos si algo falla, aunque pensemos que al principio ayuda a desinhibirnos, a la larga nos afectará negativamente (problemas de erección, problemas para llegar al orgasmo, problemas de lubricación, etc.)

– Cabe tener en cuenta que, aunque pueda ser una relación muy satisfactoria, placentera y divertida, no podemos pretender que sea una relación sexual perfecta con alguien a quien acabamos de conocer y no hay confianza. Por eso es importante aprender de cada experiencia y quedarse con lo mejor de ésta, lo que nos ha gustado o incluso, lo que podemos cambiar y/o mejorar.

– Y sobretodo, lo más importante, el respeto y la asertividad con la otra persona. Si no nos ha gustado, si no nos interesa más esa persona, etc. podemos decir las cosas con sutileza y respeto. Pensemos en cómo nos gustaría que nos dijeran las cosas a nosotros y teniendo en cuenta que la sexualidad es un tema, a veces, delicado.

Cualquier práctica sexual que llevemos a cabo es válida, siempre y cuando sea consentida por parte de las dos o más personas que participen en ella. Recordamos que si queremos disfrutar de nuestra sexualidad, no debemos obligar a nadie ni nadie nos debe obligar a nosotros a hacer cosas que realmente no nos gustan o nos apetecen.

Por tanto, iniciarse en relaciones sexuales, con cuántas personas llevarlas a cabo, en qué lugar, por qué motivo, con quién, etc. es algo que debemos determinar nosotros mismos y hacer lo que realmente nos haga sentir cómodos y podamos disfrutar.