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El orgasmo es una de las experiencias más placenteras y gratificantes de la vida, pero a la vez una de las sensaciones más intrigantes. Los orgasmos no son iguales para todos los hombres, ni para todas las mujeres. Una misma persona puede experimentar diferentes orgasmos, según las actividades sexuales que realice o incluso en la situación en la que se encuentre.

Nuestros orgasmos pueden ser increíbles o decepcionantes, podemos alcanzarlos después de una gran estimulación o pueden aparecer casi por sorpresa. Incluso nos pueden obsesionar, preocuparnos mucho o generarnos culpa. Pero también nos llenan de placer, nos hacer sentir en el paraíso y hacernos experimentar sensaciones “sobrenaturales”.

¿Qué es exactamente un orgasmo?

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Realmente definir qué es un orgasmo es algo muy complicado. Sabemos que es una sensación intensa que se produce en el momento más álgido de la excitación sexual, siguiéndole una liberación de las tensiones sexuales. Es algo intenso y agradable, a la estimulación del pene en los hombres y a la estimulación del clítoris o de la vagina en las mujeres. Aunque habitualmente el orgasmo es una respuesta a la estimulación genital, hay personas que son capaces de alcanzar el orgasmo a través de la estimulación de otras partes de su cuerpo, e incluso a través de sueños y fantasías. El cerebro es nuestro órgano sexual más potente, y no los genitales.

El orgasmo es una experiencia única, algo que cada uno puede llegar a expresar con sus propias palabras pero no todo el mundo lo siente y lo vive de la misma manera, ya que los factores psicológicos y emocionales dan un sentido diferente a los orgasmos que vamos experimentando a lo largo de nuestra vida.

A nivel fisiológico sí que ocurren ciertos acontecimientos que nuestro cuerpo experimenta y se pueden describir de una forma más objetiva. En el caso de las mujeres, se producen unas contracciones rítmicas, con un intervalo de 0.8 segundos, muy placenteras en la zona de la vulva, la vagina, el útero, la zona del periné y el esfínter anal. La intensidad y el número de contracciones puede variar, pero son aproximadamente entre 10 y 12.

En el caso de los hombres, también se producen contracciones involuntarias y rítmicas en la zona del pene, los testículos, el periné, el ano y la próstata. El intervalo de las contracciones también es de 0.8 segundos, y puede durar de entre 3 y 20 segundos. Pero también, durante el orgasmo, tanto en hombres como mujeres, se producen otras sensaciones no menos importantes, como enrojecimiento de la piel, contracciones musculares, elevación de la presión sanguínea, aumento del ritmo cardíaco, alteración de la respiración, etc.

Pero recordamos que el orgasmo no sólo es a nivel fisiológico, sino que es una respuesta del cuerpo entero, una sensación de placer que se esparce por todo, siendo un placer tanto físico como mental.

¿Qué son los orgasmos múltiples?

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A menudo escuchamos eso de tener muchos orgasmos, sobre todo en las mujeres, eso de que pueden ser multiorgásmicas. Esto hace referencia a tener más de un orgasmo en un corto periodo de tiempo, es decir, durante la misma respuesta sexual pueden darse varios orgasmos, hasta llegar al periodo refractario. Incluso hay mujeres que puede volver a sentir excitación muy rápidamente sin necesidad de experimentar ese periodo de descanso entre la culminación del orgasmo y nuevamente excitación.
Y aunque sea menos conocido, estudios recientes han demostrado que los hombres también pueden ser multiorgásmicos. Muchos hombres creen que una vez llegado a un orgasmo no es posible volver a conseguir otro, ya que sienten la necesidad de descansar (periodo refractario) hasta volver a tener otra erección, pero a través de la experiencia y la práctica se pueden conseguir orgasmos de forma continua. En contra de lo que conocemos normalmente, hay muchos hombres que son capaces de experimentar orgasmos sin eyacular (lo que se conoce como orgasmo seco) y sentir el mismo placer que un orgasmo acompañado de la eyaculación.

La meta a alcanzar

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Aunque hemos visto que el orgasmo es algo muy placentero, también es algo que nos puede causar malestar. Concebimos el orgasmo como esa meta que debemos alcanzar, es decir, iniciamos los encuentros eróticos pensando en llegar al orgasmo o hacerle llegar a nuestra pareja. En muchas ocasiones caemos en el error de obsesionarnos con ello, olvidando de disfrutar de toda la relación sexual, del camino, y sólo pensamos en llegar a la meta, al orgasmo. He aquí una explicación muy clara de por qué muchas veces no llegamos al orgasmo: la misma obsesión de alcanzarlo hace que no lo experimentemos nunca.

Algo muy básico también a tener en cuenta es la masturbación. En muchas ocasiones, sobre todo mujeres, intentan alcanzar el orgasmo a través de las relaciones sexuales con su pareja, e incluso delegan toda la responsabilidad en ella para que les hagan alcanzar el clímax sin ellas mismas haberlo experimentado antes. Es decir, la masturbación ayuda a conocernos y ayuda a experimentar orgasmos, los cuales serán más fáciles de identificar si lo alcanzamos con nuestra pareja e incluso sabremos decirles cómo nos gusta o de qué manera podemos alcanzarlo.

Tampoco debemos obsesionarnos por alcanzar el orgasmo a la vez. Esto es poco habitual y no es fácil de conseguir, ya que debemos conocer muy bien nuestro cuerpo y el de nuestra pareja, así como tener una buena coordinación. Estas exigencias sexuales pueden llevarnos a no disfrutar de las relaciones y a frustarnos, por tanto, podemos plantearlo como un juego con nuestra pareja, pero no en una obligación.

La falta de conocimiento de uno mismo, la obsesión por llegar, el pudor en las relaciones sexuales, la culpa al experimentar placer, etc. son algunos de los factores que habitualmente influyen en problemas como la anorgasmia o la eyaculación retardada. Problemas que si se tratan, se pueden solucionar y experimentar así una sexualidad placentera.

Podemos disfrutar de los orgasmos a través de una buena educación sexual, del conocimiento de nuestro cuerpo, de disfrutar del momento sexual y abandonarnos al placer y practicando un sexo divertido, sin metas ni exigencias